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CICA

CENTRO DE INTERPRETACION DEL CINE DE ASTURIAS

Más allá de las pantallas, la magia del cine ocupa un lugar privilegiado en el Casino de Asturias. Espacios dedicados a la historia de nuestro cine, con exposiciones permanentes y temporales, mediateca,zona de proyección, sala de conferencias y, por supuesto,un atractivo programa de actividades relacionadas con el séptimo arte.

 

 

PROGRAMACIÓN 

Te ofrecemos una amplia y variada programación centrada en el séptimo arte.

A continuación podrás consultar las reseñas de las proyecciones programadas para el mes en curso.

VIERNES, 1 DE FEBRERO, A LAS 17.30 Y 20.00 HORAS

El reino. 2018. España. 125 mins. Dir.: Rodrigo Sorogoyen. Con Antonio de la Torre, Mónica Perez, Jose Maria Pou, Ana Wagener, Nacho Fresneda, Barbara Lennie y Luis Zahera. "Esto la fiscalía te lo afina", fue una de las frases que hizo célebre al exministro Fernández en su vocación por reescribir a Montesquieu. No es tanto corrupción como la íntima sensación de impunidad. La misma sentencia se escucha en El reino, la última película de Rodrigo Sorogoyen. Y como ésta tantas otras. Y es precisamente este juego de espejos entre la realidad y la ficción lo que hace aún más incómoda una película que convierte la incomodidad en un estado del alma. De repente, una filtración interesada, como todas, coloca a un político en esa extraña posición que define tanto al depredador como a la víctima. Culpable por corrupto e inocente por no ser más que una pieza de una maquinaria alimentada por todos: políticos y hasta votantes. Seguro que les suena.  Sorogoyen vuelve a lucirse en lo que mejor le identifica y hasta condena. De nuevo, como ya hiciera en Que Dios nos perdone, la idea no es tanto construir un relato ordenado como acercarse al tacto de la misma fiebre. El continuo moverse a ninguna parte del protagonista se enreda con las tramas de un guion pensado para perderse. Sin remedio. Lo que importa es el rumor de la angustia, la certeza del vacío. El reino se precipita así a medida que avanza hasta lo más hondo de su propia pesadilla, hasta hacer desaparecer la línea que separa la culpa de la simple paranoia. El interpelado, como es fácil deducir, es el propio espectador señalado no tanto como testigo sino como cómplice de esta ceremonia cruel, grotesca y española. Y mucho español.

LUNES, 4 DE FEBRERO, A LAS 17.30 Y 20.00 HORAS

Llueven vacas. 2018. España. 77 mins. Dir.: Fran Arráez. Con Maribel Verdú, Víctor Clavijo, Laia Marull, Secun de la Rosa, Gloria Muñoz, Pedro Miguel Martínez, María Barranco, Asier Etxenandía, Mónica Reguero, Sergio Peres-Menchecha, Carmen Mayordomo, Gemma Charines y Eduardo Noriega. Fernando y Margarita se aman. O eso creen. Quizá sólo aceptan el papel de amantes con sus reglas, sus frases aprendidas, sus lugares comunes y, lo peor, las heridas de ella. Arráez debuta tras la cámara con una esmerada disección de cada uno de los gestos que nos hace peores. No es tanto cine contra la violencia machista, que también, como una lacerante exposición de buena parte de lo que somos. La idea consiste en teatralizar hasta la exasperación cada gesto, cada bofetada, cada agresión, cada insulto. Los actores se suceden y se intercambian en cada uno de los dos papeles que son siempre los mismos: el de agresor y el de víctima. Se trata de ritualizar hasta casi el esperpento el mecanismo de dominio y humillación tan injusto como real, tan extravagante como cercano, tan cruel como profundamente cruel. El resultado es una película que hace de la incomodidad su única razón de ser. Duele no tanto por lo que enseña sino por lo que muestra, por la posibilidad terrible y cierta de que el espectador dé con una sola frase reconocible.

MARTES, 5 DE FEBRERO, A LAS 17.30 Y 20.00 HORAS

The Crown. 2ª Temporada. Serie. Capítulo 1 y 2. Con Claire Foy, Matt Smith, Victoria Hamilton, Vanessa Kirby, John Lithgow, Nicholas Rowe.Los vientos de cambio en una sociedad británica menos reverente con la monarquía marcan la tónica de la segunda temporada de The Crown, cuyo estreno el día 8 de diciembre en Netflix mostrará a Isabel II lidiando tanto en el frente público como en el de su propio matrimonio. “Tras los primeros años en el trono, la reina se siente ahora más segura de su papel en la institución, pero quienes le rodean deben todavía entender quién es y eso implica muchas tensiones”. El personaje es retomado  en plena crisis de Suez (1956) y con su marido alejado física y emocionalmente. El relato de la crisis en la pareja real es uno de los platos fuertes de la nueva entrega de la serie concebida por Peter Morgan, que abarca ocho años hasta el nacimiento del cuarto hijo de la soberana. Inadaptado a su papel de consorte, el príncipe Felipe (interpretado por Matt Smith) parte en una gira de cinco meses por los países de la Commonwealth en la que da rienda suelta a su carácter de “espíritu libre” por los parajes exóticos del viaje. 

MIÉRCOLES, 6 DE FEBRERO, A LAS 17.30 Y 20.00 HORAS

El capitán. 2017. Alemania. 114 mins. Dir.:Robert Schwentke. Con Max Hubacher, Frederick Lau, Milan Peschel y Alexander Fehling.  Dos prisioneros en un campo de trabajo se ven obligados a representar una sesión de comedia antisemita ante los militares que controlan el lugar. La acción transcurre en abril de 1945, cuando la derrota alemana parece ya un destino inevitable, pero las dinámicas de la crueldad siguen perviviendo, declinadas casi a modo de farsa sanguinaria. La secuencia podría aportar luz a cualquiera de los abundantes debates contemporáneos sobre los límites del humor y los claroscuros de la incorrección política –aquí, el cómico es la víctima, aplazando, mediante la moneda de cambio de la autohumillación, un final escrito de antemano-, pero la película utiliza la situación para otro fin: ahondar en el gran tema que articula su relato, la supervivencia como camino de envilecimiento. En cierto sentido, esos cómicos judíos a la fuerza son un espejo del sendero moral que transita el protagonista de El capitán, un desertor que acabará asumiendo la condición de verdugo y ángel oscuro en un panorama caótico donde su pragmatismo amoral y su plus de sadismo al servicio de una precaria máscara, serán recibidos, por algunos, como un regalo caído del cielo. Inspirada por la figura real del soldado alemán Willy Paul Herold, ejecutado por crímenes de guerra en 1946 después de haber asumido la falsa identidad de capitán de la Luftwaffe y orquestar la masacre de los prisioneros del campo de Aschendorfermoor, El capitán se revela un inesperado alto en el camino dentro de la carrera de Robert Schwentke: un proyecto sumamente personal –el cineasta es, asimismo, único responsable del guion- tras un recorrido no demasiado estimulante por los cauces del blockbuster más o menos disfuncional –RED (2010), R.I.P.D. Departamento de Policía Mortal (2013)- y las sagas a la medida millennial –La serie Divergente: Insurgente (2015), La serie Divergente: Leal (2016)-. Al contrario que su protagonista, Schwentke no parece un impostor camuflado bajo un barniz (blanquinegro) de superficial prestigio: El capitán es un relato picaresco degradado en pesadilla que sostiene en todo momento su poder perturbador y se apoya en una palpable autoridad estilística.El duelo burocrático ventana frente a ventana que proporciona un brillante momento a la película podría sintetizar el concienzudo sentido del espacio de este relato que se desarrolla, en todo momento, sobre la cuerda floja de la suspicacia cruzada. En el fondo, Willi Herold sabe que no engaña a nadie: es tan solo un monstruo útil mientras se derrumba el infierno.

JUEVES, 7 DE FEBRERO, A LAS 17.30 Y 20.00 HORAS

The Crown. 2ª Temporada. Serie. Capítulo 3 y 4. Con Claire Foy, Matt Smith, Victoria Hamilton, Vanessa Kirby, John Lithgow, Nicholas Rowe.Los vientos de cambio en una sociedad británica menos reverente con la monarquía marcan la tónica de la segunda temporada de The Crown, cuyo estreno el día 8 de diciembre en Netflix mostrará a Isabel II lidiando tanto en el frente público como en el de su propio matrimonio. “Tras los primeros años en el trono, la reina se siente ahora más segura de su papel en la institución, pero quienes le rodean deben todavía entender quién es y eso implica muchas tensiones”. El personaje es retomado  en plena crisis de Suez (1956) y con su marido alejado física y emocionalmente. El relato de la crisis en la pareja real es uno de los platos fuertes de la nueva entrega de la serie concebida por Peter Morgan, que abarca ocho años hasta el nacimiento del cuarto hijo de la soberana. Inadaptado a su papel de consorte, el príncipe Felipe (interpretado por Matt Smith) parte en una gira de cinco meses por los países de la Commonwealth en la que da rienda suelta a su carácter de “espíritu libre” por los parajes exóticos del viaje.

VIERNES, 8 DE FEBRERO, A LAS 17.30 Y 20.00 HORAS

Yucatán. España. 129 mins. Dir.: Daniel Monzón. Con Luis Tosar, Rodrigo de la Serna, Joan Pera, Stephane Cayo. En riesgo de encasillarse en thrillers ásperos y electrizantes después del éxito de Celda 211 y El Niño, es obvio que Daniel Monzón quería cambiar de registro, aunque lo cierto es que Yucatán no es su primera comedia. En la reivindicable El robo más grande jamás contado, que venía a ser un Rufufú en clave castiza, ya encontrábamos el rasgo más característico de su cine, a saber: un infinito afecto, que no condescendencia, por sus personajes; o, lo que es lo mismo, una notable empatía por las luces y las sombras de la condición humana. Por muy traidores y canallas que sean, o al revés, por muy bondadosas y generosas que se muestren ante el público, sus criaturas siempre están dispuestas a ser lo contrario de lo que se espera de ellas. Esa ruptura de las expectativas morales encuentra su correlato en la propia esencia de la película. Es decir, Yucatán aparenta ser una comedia vacacional, de crucero marítimo, que se desliza sin motor por un cambiante océano de géneros –del filme de timadores a la sátira gamberra, del musical cabaretero al romance múltiple con picante cubano–, para ocultar su condición de fábula de lo más seria sobre la codicia en tiempos de crisis. Si la película es, en la mejor tradición de un Mamet primerizo (una versión festiva, coralmente naviera, de House of Games), la puesta en escena de una puesta en escena, es lógico que ese juego de trampantojos se extienda al protagonismo de los personajes en el curso del relato. Si el Malamadre que encarnaba Luis Tosar en Celda 211 acababa desplazando a un segundo plano a Alberto Ammann, aquí es un viudo amable, que se ha hecho millonario con la lotería, el que termina ganando por puntos a todo un elenco de actores que laten al ritmo de su corazón. Sería injusto hablar de Joan Pera como el gran descubrimiento actoral de Yucatán, teniendo en cuenta su larga trayectoria teatral, televisiva y en el campo del doblaje, pero los que le conozcan también se quedarán boquiabiertos.  La contención, la sutileza y la gama de matices que Pera aporta a su personaje es, definitivamente, el gran efecto especial de una comedia elegante y entretenidísima, que nunca sacrifica la inteligencia en favor de la risa fácil.

LUNES, 11 DE FEBRERO, A LAS 17.30 Y 20.00 HORAS

El hombre que mató a Don Quijote. 2018. USA. 132 mins. Dir.: Terry Gillyan. Con Adan Driver, Jonathan Pryce, Stellan Skarsgard, Olga Kurylenko, Joana Ribeiro, Oscar Jaenada. En el largo y tortuoso proceso de creación de Ocho y ½, Federico Fellini llegó a pensar: “Soy un director que quería hacer una película que ya no recuerda”. Sin embargo, atascado en la mente en blanco, en el folio en blanco, en la pantalla en blanco, acabó saliendo del pozo con una idea célebre: “Haré una película sobre la historia de un director que ya no sabe cuál era la película que quería hacer. Un pensamiento que también ha debido barruntar Terry Gilliam en un viaje en el tiempo aún más dilatado y retorcido, el de El hombre que mató a Don Quijote. Hasta conformar, 18 años después de lo previsto, su propio Ocho y ½, el delirante retrato de un director de cine que ya no es el que era años atrás, y que quizá no recuerda la película exacta que pretendía hacer. Una obra donde lo interno del relato se confunde con lo externo de la producción en sí misma, con diversos guiños al empedrado camino recorrido, en una amalgama metalingüística que, lejos de resultar caprichosa, es absolutamente coherente con el mito que la inspira y la mueve, el de Don Quijote de la Mancha, de Miguel de Cervantes, sobre todo en su segunda parte, cuando el Quijote de Avellaneda, apócrifo, provoca en el verdadero una serie de ficciones dentro de la ficción, con diversas concomitancias en la película de Gilliam, en una suerte de juego de muñecas rusas que convierte en autoconscientes a sus personajes. 

MARTES, 12 DE FEBRERO, A LAS 17.30 Y 20.00 HORAS

The Crown. 2ª Temporada. Serie. Capítulo 5 y 6. Con Claire Foy, Matt Smith, Victoria Hamilton, Vanessa Kirby, John Lithgow, Nicholas Rowe.Los vientos de cambio en una sociedad británica menos reverente con la monarquía marcan la tónica de la segunda temporada de The Crown, cuyo estreno el día 8 de diciembre en Netflix mostrará a Isabel II lidiando tanto en el frente público como en el de su propio matrimonio. “Tras los primeros años en el trono, la reina se siente ahora más segura de su papel en la institución, pero quienes le rodean deben todavía entender quién es y eso implica muchas tensiones”. El personaje es retomado  en plena crisis de Suez (1956) y con su marido alejado física y emocionalmente. El relato de la crisis en la pareja real es uno de los platos fuertes de la nueva entrega de la serie concebida por Peter Morgan, que abarca ocho años hasta el nacimiento del cuarto hijo de la soberana. Inadaptado a su papel de consorte, el príncipe Felipe (interpretado por Matt Smith) parte en una gira de cinco meses por los países de la Commonwealth en la que da rienda suelta a su carácter de “espíritu libre” por los parajes exóticos del viaje. 

MIÉRCOLES, 13 DE FEBRERO, A LAS 17.30 Y 20.00 HORAS´

Egon Schiele. Austria-Luxemburgo. 2016. Dir.: Dieter Berner. Con Noah Saavedra, Maresi Riegner, Valerie Pachner, Marie Jung, Elisabeth Umlauft,  Con un retorcido trazo que anticipa la estética tortuosa del expresionismo, dos cuerpos se abrazan sobre lo que podría ser sábana o sudario, en medio de un paisaje árido que quizás evoque una trinchera de la Primera Guerra Mundial. La figura masculina, vestida de negro, luce una mirada perdida en la que fluctúa el brillo obsesivo de la locura. La figura femenina, con los brazos esqueléticos propios de una futura víctima del Holocausto, se abraza al amante que parece estar sorbiendo hasta el último aliento de su esencia vital. Así es La muerte y la doncella, el óleo con el que el austríaco Egon Schiele selló el final de su historia de amor con Wally Neuzil, modelo de Gustav Klimt, mentor del artista. Si en el imaginario del pintor de El beso la sensualidad bañaba de oro la mirada del receptor, en la obra de Schiele el sexo siempre reveló su inquietante proximidad con lo thanático. La muerte y la doncella sirve en bandeja su subtítulo a este biopic del artista que no se ha planteado dialogar, a través del estilo, con las aristas de un legado que, a día de hoy, ha seguido activando miradas censoras: las del nuevo puritanismo de la hipervisibilidad digital. La agonía de Schiele va pautando aquí un recorrido narrativo que centra cada uno de sus capítulos en una figura femenina: desde la hermana Gertie, foco de una atracción incestuosa, hasta esa Edith Harms que cumplió el ingrato papel de apaño una vez el pintor no pudo seguir esquivando sus deberes militares, pasando por la exótica e independiente Moa Mandu y la central Wally Neuzil, el amor de su vida.

LUNES, 18 DE FEBRERO, A LAS 17.30 Y 20.00 HORAS

Carmen y Lola. 2018. España. 90 mins.  Dir.: Arantxa Echevarria. Con Moreno Borja, Javier I. Bustamante, Rafaela Leon, Rosy Rodriguez, Zaira Romero, Carolina Yuste. Hay películas que se mueven por la pantalla sin reglas, sin estilo, sin gestos aprendidos; películas que mal entienden de definiciones o lugares comunes. Carmen y Lola es básicamente lo contrario a casi todo. Es relato de frontera madrileño con aspecto de telenovela. Es ficción con la impostura del melodrama. De hecho, resulta más fácil definir el debut de Arantxa Echevarría como directora por lo que no quiere ser que por lo otro. Y es ahí, en ese espacio vacío y sin nombres, donde encuentra su sitio, entre la tradición recia (y hasta rancia) y la más elemental de las libertades, entre el mito y lo nuevo. Es una historia ficticia, pero con actrices tan reales que ni siquiera son actrices. Es casi un documental, pero perfectamente consciente de que sólo la imaginación da sentido. Se ocupa de la más prohibida de las pasiones y, sin embargo, en la pantalla todo resulta obvio y hasta necesario. Es, por necesidad, un escándalo, por sensacionalista, y sin embargo, cada gesto de la película resulta perfectamente reconocible. Y provocadoramente libre. E indefinible. La cinta, para situarnos, cuenta el primer amor de dos mujeres. Y lo hace perfectamente consciente de cada uno de los tópicos que informan la historia más veces contada, más veces repetida. Y siempre nueva. La película da sus primeros pasos con modales de crónica, quizá simple docudrama. Lo que se ve es la narración detallada de lo dado, lo evidente quizá. Lo que importa, en definitiva, es la puntual descripción de todo aquello que conforma el paisaje de lo obvio. De alguna manera, la película funciona en el primer acto como una ceremonia en la que todo resulta tan familiar como, a su modo, sagrado. El universo gitano es narrado a la vez como realidad y ensoñación en una especie de relato mitológico con la cara y las manos sucias. Y así hasta que irrumpe la ficción. Clara y ruidosa. Entonces Carmen y Lola adquiere la textura de los cuentos de hadas. Pero a voz en grito. Quiere la película ser una proclama antes que sólo poema. Y como tal se comporta ajena a remilgos y haciendo suyos cada uno de los tópicos que la informan. Nada de la narración obedece a otra exigencia que no sea la de los viejos arquetipos, la de las voces ya escuchadas. Y quizá gastadas. Pero todo es dictado bien alto, y sin pedir ni permiso ni disculpas. Y es en ese gesto político, por políticamente incorrecto, donde se hace fuerte la propuesta de Echevarría. De repente, todo adquiere nuevo sentido: el sentido de lo nuevo. El viejo mito gitano es vuelto a contar pero del revés, dejando a la vista su poderío, su encanto, su gloria infatigable y, en cada una de sus contradicciones, sus miserias. Carmen y Lola es una película tan evidente y clara que en su claridad confunde. Es mito, es provocación y es sueño.

MARTES, 19 DE FEBRERO, A LAS 17.30 Y 20.00 HORAS

The Crown. 2ª Temporada. Serie. Capítulo 7 y 8. Con Claire Foy, Matt Smith, Victoria Hamilton, Vanessa Kirby, John Lithgow, Nicholas Rowe.Los vientos de cambio en una sociedad británica menos reverente con la monarquía marcan la tónica de la segunda temporada de The Crown, cuyo estreno el día 8 de diciembre en Netflix mostrará a Isabel II lidiando tanto en el frente público como en el de su propio matrimonio. “Tras los primeros años en el trono, la reina se siente ahora más segura de su papel en la institución, pero quienes le rodean deben todavía entender quién es y eso implica muchas tensiones”. El personaje es retomado  en plena crisis de Suez (1956) y con su marido alejado física y emocionalmente. El relato de la crisis en la pareja real es uno de los platos fuertes de la nueva entrega de la serie concebida por Peter Morgan, que abarca ocho años hasta el nacimiento del cuarto hijo de la soberana. Inadaptado a su papel de consorte, el príncipe Felipe (interpretado por Matt Smith) parte en una gira de cinco meses por los países de la Commonwealth en la que da rienda suelta a su carácter de “espíritu libre” por los parajes exóticos del viaje. 

MIÉRCOLES, 20 DE FEBRERO, A LAS 17.30 Y 20.00 HORAS

Ha nacido una estrella. USA. 2018. 120 mins. Dir.: Bradley Cooper. Con Bradley Cooper, Lady Gagá, Sam Elliott, Andrew Dice Clay, Anthony Ramos, Dave Chappelle. La frase "Solo quería verte otra vez" (o sus variantes) atraviesa las cuatro versiones de Ha nacido una estrella, dejando claro que, por debajo de sus respectivas reflexiones sobre el estrellato y la industria del espectáculo, lo que siempre sigue ahí es la esencia del melodrama: la trágica historia de amor entre dos cuerpos que siguen trayectorias inversas –la ascendente y la descendente- y que quizá solo pudieron brillar juntos, e iluminarse mutuamente, en un momento efímero, condenado de antemano. Ahí reside el secreto de la inmortalidad de esta historia que ya resultó tan seductora en el momento de su aparición que, a pocos meses de su estreno, inspiró una imitación extraoficial: la deliciosa It Happened in Hollywood (1937) de Harry Lachman, uno de los primeros trabajos de Sam Fuller como guionista, que no sería descabellado considerar la principal fuente de inspiración del The Artist (2011) de Hazanavicius. En la nueva encarnación de este mito que, además de los talentos obvios y visibles, ha tenido oficiantes tan ilustres y dispares como Dorothy Parker, Joan Didion y el fondo de armario de Barbra Streisand, las dos figuras principales –Lady Gaga y Bradley Cooper- invierten un considerable capital de riesgo: la nueva versión de Ha nacido una estrella tiene para ambos la evidente condición de bautismo de fuego –primer gran desafío como actriz dramática para ella, debut como director para él- y la tensión eléctrica del reto galvaniza la pantalla desde la primera imagen. Cooper parte claramente de la versión de Frank Pierson de 1976, pero logra mejorarla rodeando a sus personajes principales de una serie de figuras secundarias que sustituyen el arquetipo por el personaje (cargado de historia): así ocurre con el hermano de Jackson Maine (Cooper) –un Sam Elliott que carga con el peso de ejercer de la figura paterna que nunca debió ser- y el padre de Ally (Gaga) –un sorprendente Andrew Dice Clay siempre rodeado de su afectuoso coro de chóferes-. La elegancia con la que el debutante resuelve el trágico final del protagonista parece anticipar que tras este debut no hay solo oficio, sino mirada. Y en esta película donde se habla de discurso e imagen, Lady Gaga, esa estrella que se dio a conocer disfrazada de instalación artística modelo Saatchi Gallery, demuestra que había verdad bajo la máscara, aunque la película desaproveche la ocasión de ahondar en la naturaleza de la nueva cultura de la fama.

JUEVES, 21 DE FEBRERO, A LAS 17.30 Y 20.00 HORAS

The Crown. 2ª Temporada. Serie. Capítulo 7 y 8. Con Claire Foy, Matt Smith, Victoria Hamilton, Vanessa Kirby, John Lithgow, Nicholas Rowe.Los vientos de cambio en una sociedad británica menos reverente con la monarquía marcan la tónica de la segunda temporada de The Crown, cuyo estreno el día 8 de diciembre en Netflix mostrará a Isabel II lidiando tanto en el frente público como en el de su propio matrimonio. “Tras los primeros años en el trono, la reina se siente ahora más segura de su papel en la institución, pero quienes le rodean deben todavía entender quién es y eso implica muchas tensiones”. El personaje es retomado  en plena crisis de Suez (1956) y con su marido alejado física y emocionalmente. El relato de la crisis en la pareja real es uno de los platos fuertes de la nueva entrega de la serie concebida por Peter Morgan, que abarca ocho años hasta el nacimiento del cuarto hijo de la soberana. Inadaptado a su papel de consorte, el príncipe Felipe (interpretado por Matt Smith) parte en una gira de cinco meses por los países de la Commonwealth en la que da rienda suelta a su carácter de “espíritu libre” por los parajes exóticos del viaje. 

VIERNES,  22 DE FEBRERO, A LAS 17.30 Y 20.00 HORAS

La noche de Halloween. USA. 2018. 106 mins. Dir.: David Gordon Green. Con Jamie Lee Curtis, Judy Greer, Andi Matichak, James Jude Courtney, Nick Castle, Haluk Bilginer. En una secuencia de 30 minutos o menos (2011) de Ruben Fleischer, los cómicos Danny McBride y Nick Swardson, bajo la piel de dos holgazanes inmaduros, contemplan en un apañado home cinema la versión 3D de Viernes 13, parte III (1982). Su entusiasmo les lleva, en un momento climático, a levantarse del sofá y dialogar, mediante gestos obscenos, con el Jason Voorhees que ocupa la pantalla. Resulta sencillo imaginarse al mismo Danny McBride, esta vez acompañado del director David Gordon Green, entregado a la proyección en bucle de una copia doméstica de La noche de Halloween (1978), el fundacional clásico de John Carpenter que ahora han versionado ambos en calidad de coguionistas y productores con el segundo al mando de la dirección. Eso sí, a la vista de los resultados, parece claro que la figura de Michael Myers les infunde mayor respeto que el pobre Voorhees.. Frente a las relecturas que hizo Rob Zombie en clave de poeta maldito del horror, desplazando el foco del relato de la víctima al psicópata reinterpretado como figura trágica, La noche de Halloween de David Gordon Green tiene, de principio a fin, la naturaleza de un devoto homenaje a las fuentes rubricado con la pasión de un obsesivo ratón de videoclub. La película no quiere ser transgresora, ni radical, pero tanto el afecto como la inteligencia apartan el resultado de lo impersonal. La película reactiva la saga en clave de secuela postraumática, convirtiendo a Myers y a una Laurie Strode ermitaña y fanática de las armas y la autodefensa en casi igualitarios litigantes de un combate épico. Tan lejos de la poética indie de George Washington (2000) como de sus incursiones en la comedia, Gordon Green sabe imprime originalidad a situaciones como la entrevista en el patio del psiquiátrico, el acoso en el lavabo o el encuentro en la carretera con el autobús accidentado. Por otra parte, el guion cuida la caracterización de personajes a través del diálogo incluso en las figuras más episódicas: la niñera y el crío a su cuidado, el padre cazador y su hijo bailarín, los policías y sus bocadillos vietnamitas... No obstante, es el primer paseo de Myers durante la velada de Halloween, con su control de la continuidad del plano y su preciso manejo del fuera de campo, lo que revela no solo el alto compromiso con el original, sino una comprensión profunda de las claves del género

LUNES, 25 DE FEBRERO, A LAS 17.30 Y 20.00 HORAS

El ángel.  Argentina. 2018. 117 mins. Dir.: Luis Ortega. Con Lorenzo Ferro, Chino Darin, Daniel Fanego, Mercedes Moran, Cecilia Roth, Peter Lanzani. Tomarse la vida como un juego, transgredir cualquier norma, robar por puro impulso o matar como reflejo, y quién sabe si por placer, son los patrones de conducta del personaje central de esta coproducción hispanoargentina de desbordante vocación comercial. Él es un adolescente de familia de clase media sin antecedentes delictivos que se mantiene ajeno a cualquier atisbo de reflexión, se diría que amoral de nacimiento y que está inspirado en un personaje real que se hizo famoso a principios de los años 70 y que continúa siendo el mayor asesino en serie de la historia de su país.  Eso es lo que cuenta la película de Luis Ortega, que opta por un tratamiento distendido, por momentos al borde de la comedia, contemplando al protagonista con algo parecido a la fascinación, la admiración o la empatía, sin disquisiciones psicológicas, envolviéndolo en una estupenda ambientación de fotografía colorista y en una banda sonora repleta de pegadizos éxitos pop de la época, y apoyándose en el buen hacer del desconocido Lorenzo Ferro, que rentabiliza su físico para dotar de una sugerente ambigüedad sexual a su inclasificable personaje.  En realidad, la elección y el trabajo del reparto resultan esenciales en el engrasado funcionamiento de esta entretenida narración que se beneficia de la inclinación generalizada a contemplar con benevolencia el mal en estado puro. A destacar la solidez creciente de Chino Darín pero también la probada solvencia de las veteranas Mercedes Morán y Cecilia Roth o el chileno Luis Gnecco, que engrandecen sus respectivos secundarios.

MARTES, 26 DE FEBRERO, A LAS 17.30 Y 20.00 HORAS

Todos lo saben. Francia. 2018. 128 mins. Dir.: Asghar Farhadi. Con Javier Bardem, Penélope Cruz, Ricardo Darín, Eduard Fernández, Barbara Lennie, Inma Cuesta, Elvira Miguenz, Ramón Barea, Carla Campra. El cine del director iraní Asghar Farhadi no ha precisado apuntarse a modas vacuas y efímeras, como la jocosa consideración por parte de la crítica de que casi todo lo que se filmaba en ese país había sido bendecido por los dioses, que sus creadores permanecían en estado de gracia y representaban la gran esperanza para la supervivencia del gran cine. La personalidad que desprende la obra de este poderoso, complejo y auténtico creador va por libre, sería reconocible en cualquier lugar, habla del anverso y el reverso de los seres humanos, de los vaivenes y las simas de su conducta en función de las circunstancias, de algo obsesionante y condicionante llamado pasado y la inaplazable factura que exigirá, de que todo dios alberga al mismo tiempo zonas de luz y de sombra. Es atractivo e hipnótico todo lo que lleva su firma pero tocó el cielo en una obra maestra titulada Nader y Simin, una separación. Constaten esa evidencia. Escuchándola en farsi, por supuesto, sin esa barbaridad de doblar una obra de arte. Han reconocido internacionalmente la singularidad y el talento de este señor con dos Oscar y multitud de premios. Lo cual facilita que pueda rodar en otros mundos, otros ámbitos. Pero su inconfundible sello permanece, se hace entender en cualquier lengua, habla de los sentimientos. Dirigió en Francia la densa y terrible El pasado. Y Todos lo saben está ambientada en un pueblo de Madrid. Cuenta que la angustiosa historia (siempre lo son en su cine) se le ocurrió hace años durante un viaje por España en compañía de su familia y en el que su hija pequeña sintió pavor al ver carteles con la imagen de un niño que había desaparecido. Esa noticia, con capacidad para provocar el escalofrío incluso en los glaciares, la posibilidad de que alguien haya podido cebarse con los seres más indefensos, le sirvió de inspiración a Farhadi para un relato muy negro que se inicia con una celebración, el reencuentro familiar, el retorno provisional a las antiguas raíces de una mujer que emigró a Argentina y creó una familia. El motivo es la boda de su hermana pequeña. El día y la noche transcurren gozosos, etílicos, bailones, todo es euforia compartida, algo nada habitual en el inquietante cine de Farhadi. La fiesta se interrumpe brutalmente al constatar que la hija de la emigrada ha desaparecido. La han secuestrado y resulta transparente que los autores pertenecen a ese entorno. A partir de ese giro trágico, Farhadi retorna a una temática que domina con pulso maestro. 

MIÉRCOLES, 27 DE FEBRERO, A LAS 17.30 Y 20.00 HORAS

No te preocupes, no llegarás lejos a pie. USA. 114 mis. Dir.: : Gus Van Sant. Con Joaquin Phoenix, Jonah Hill, Rooney Mara, Jack Black, Tony Greenhand, Beth Ditto. La filmografía de Gus Van Sant parece hecha por dos primos que se desprecian, y la mitad de ella es petulante e insufrible (pongamos «Last days») y la otra es despreocupada y afable (pongamos «El indomable Will Hunting»). Esta película de largo título pertenece al primo afable y trata de un peculiar y real personaje, John Callahan, un auténtico «prenda», alcohólico, abandonado en la infancia, paralítico y caustico dibujante de chistes que interpreta, con lo mejor de sí mismo, Joaquin Phoenix a lomos de una silla de ruedas y de un sentido trágico del humor que soportan por completo toda la película.  Nuestro Gus Van Sant, quizá en recuerdo de su primo, se divierte con la mezcla de tonos y de tiempos, y relata la historia con un muy legible desorden (ahora, luego, antes, después…) y mediante un montaje divertido y empapado de dibujos e ideas. Es un biopic bienhumorado y que mastica la desgracia que encierra con dientes de viñeta y que, sin ínfulas, presenta personajes rotundos (el de Jonah Hill es magnífico) y una creíble pero disparatada forma de lucha contra el alcoholismo y contra el amargor. No es éste el primo favorito de los críticos admiradores de Gus Van Sant, pero es el que ha conseguido que Joaquin Phoenix no sea ese tipo que llena con lo suyo los personajes, sino su revés, el que se deja llenar por ellos.

 

JUEVES, 28 DE FEBRERO, A LAS 17.30 Y 20.00 HORAS

Mary Shelley. USA. 2018. 120 mins. Dir.: Haifaa Al-Mansour. Con ella Fanning, Douglas Booth, Stephen Dillane, Joanne Froggatt, Ben Hardy, Maisy Williams, bel Powley y Tom Sturridge. Desde hace tiempo escucho en la boquita de algunos enterados y modernillos un cliché fatigosamente repetido y expresado con desdén sobre un tipo de cine que según ellos constituye un género en el que todo es previsible, cursi y prescindible. Lo denominan el cine de la campiña inglesa. Presuponen que solo fascina a gente mayor, instalada y convencional que luego lo comenta con arrobo degustando té con pastas. A mí me encanta. El bueno, por supuesto. Mi retina, mi oído, mi memoria y mi espíritu de solterón rancio guardan con infinito celo películas tan atractivas como Sentido y sensibilidad, Regreso a Howards End, Lo que queda del día y otras, Y tengo un recuerdo muy grato de adolescencia con una de las infinitas versiones de Jane Eyre, la que protagonizaba uno de mis actores favoritos, el Inmenso George G. Scott, y cuya preciosa banda sonora, sospecho que era uno de sus primeros trabajos, la firmaba el legendario John Williams.