CICA

CENTRO DE INTERPRETACION DEL CINE DE ASTURIAS

Más allá de las pantallas, la magia del cine ocupa un lugar privilegiado en el Casino de Asturias. Espacios dedicados a la historia de nuestro cine, con exposiciones permanentes y temporales, mediateca,zona de proyección, sala de conferencias y, por supuesto,un atractivo programa de actividades relacionadas con el séptimo arte.

 

 

PROGRAMACIÓN SEPTIEMBRE

Te ofrecemos una amplia y variada programación centrada en el séptimo arte

JUEVES, 20 DE SEPTIEMBRE, A LAS 17.30 Y 20.00 HORAS

Negocios ocultos. Reino Unido. 2002. 97 mins.  Dirección: Stephen Frears. Intérpretes: Chiwetel Eljofor, Audrey Tautou, Sergi López, Sophie Okenodo, Zlatko Buric, Kriss Dosanjh. Homosexuales, como en Ábrete de orejas; inmigrantes asiáticos con problemas también por su sexualidad, como en Mi hermosa lavandería; nuevamente inmigrantes, como en Sammy y Rosie se lo montan, o niños explotados y sumergidos en una vida perra, como en Liam. Éstos son los personajes que suelen poblar las ficciones más socialmente comprometidas de ese siempre interesante director de dramas que es el británico Stephen Frears. A nadie extrañará pues que en ésta, su penúltima película (nos llega con ligero retraso: es de 2002), Frears vuelva a convocar a inmigrantes, esta vez sobre todo ilegales, para hacerlos protagonistas de otra de sus ficciones. Seres que buscan el paraíso, pero que sólo encuentran la oscura, tétrica trastienda de la buena vida prometida. Inmigrantes, además, de toda procedencia: por ahí hay un nigeriano de turbio pasado (Eljofor), una turca soñadora (la muy plausible Tautou, que saboreaba por entonces el éxito de Amélie), un chino tan inteligente como solidario, un crápula español que responde por Señor Juan (Sergi López, claro), un siniestro explotador de origen indio... Pero no inmigrantes de una sola pieza: no hay en Frears la menor intención de destacar a sus protagonistas por su inocencia (aunque alguno sí lo sea: la turca, sin ir más lejos). Es más, en su distanciada pero al tiempo profunda radiografía de lo que significa hoy la condición inmigrante, Frears no duda en mostrar que son otros extranjeros quienes explotan a sus teóricos semejantes. Y no es la explotación que sufren la que los hace mejores a nuestros ojos, sino su instinto de supervivencia y, en ocasiones, también su entereza moral. La película despliega sus estrategias de discurso sólidamente asentada en esa voluntad de radiografiar y en la fuerza con la que están trazados los personajes. En esta descripción, como en él es norma, Frears no se detiene demasiado, pero sí lo suficiente como para hacernos partícipes de sus desventuras, de los marasmos legales en los que están plenamente instalados, en las persecuciones que sufren. Es ahí, justamente, donde la película amenaza caer en la complacencia, sobre todo porque los oponentes al deseo de la pareja protagonista son dos desastrados, caricaturescos policías de inmigración, un guiño del todo absurdo en una película que no lo necesita. Hay otras cosas también discutibles en su desarrollo. Puesto constantemente en el disparadero, el abnegado nigeriano, verdadero motor de la narración, se ve impelido a actuar de forma virtualmente imposible, protagonizando una acción que actúa a modo de clausura del relato, y que el lector agradecerá no le sea contada, pero que adolece de grandes dosis de inverosimilitud. Es el necesario pero que hay que hacer a una película que,por lo demás, demuestra un cariño sin desmayo por sus personajes, un respeto por sus circunstancias. Y jamás se permite, como querría una dramaturgia adulta y de muy sólida construcción, paternalismos con la suerte de sus criaturas, una actitud de respeto muy de agradecer en tiempos de tanta ficción que se toma a broma las propias bases de su existencia.

VIERNES, 21 DE SEPTIEMBRE, A LAS 17.30 Y 20.00 HORAS

Sin rodeos. España. 2018. 84 mins. Dir.: Santiago Seguro. Con Maribel Verdú, Diego Martín, Toni Acosta, Rafael Spregelburd, Barbara Santa-Cruz, Cristina Castaño, Cristina Pedroche, David Guapo, Kike San Francisco, Florentino Fernández, El Gran Wyoming y Candela Peña. Existe una curiosa y notable coincidencia entre las últimas películas de Álex de la Iglesia y Santiago Segura, y es que ambos, autores de un cine tan personal como reconocible (independientemente de que te atraiga o te desinterese) han dirigido remakes, su adaptación de historias y películas inventadas por otra gente. Perfectos desconocidos, que ha logrado hacer reír a un público tan diverso como cuantioso, entre el que me incluyo, es el remake de una película italiana, dirigida por Paolo Genovese, que todavía no he podido ver. Y Sin rodeos es una nueva adaptación (me cuentan que hay una versión mexicana y otra argentina) de la película chilena Sin filtros, parida por Nicolás López, un señor inteligente y un cinéfilo heterodoxo.  En el caso de Álex de la Iglesia Perfectos desconocidos fue un encargo que resolvió modélicamente. Pero no hubo intermediarios en el trabajo de Santiago Segura, que intuyó que existía un filón muy goloso al ver la película chilena. También un reto, ya que aparte de una breve y graciosa aparición, interpretando a un místico y sanador hindú que en realidad es de Alcobendas, Segura se limita a dirigir. Un riesgo de cara al multitudinario público de la millonaria saga torrentiana. Iban a disfrutar con ese esperpéntico y delirante antihéroe identificándolo con la presencia en cada plano de Santiago Segura. El cebo absoluto era él delante de la cámara. Dudo que a gran parte de esos espectadores masivos les interesara saber quién dirigía las aventuras y desventuras de su idolatrado Torrente Es imposible no segurir con interés la tortura cotidiana —en un mundo donde todo cristo pretende ser oído pero nadie escucha al prójimo— de esa mujer tan afortunadamente normal que los demás tratan como si fuera anormal, su resignada desolación constatando que no existe o únicamente la quieren para explotarla en su entorno familiar, profesional y sentimental. Y sobre todo, agradezco que personajes, situaciones y gags me despierten la sonrisa y la risa, gestos que escasean en el cine y en la vida. Maribel Verdú sigue ofreciéndo razones para que sea la actriz española que más  gusta. Y Candela Peña solo necesitas tres apariciones episódicas para bordar un personaje.

LUNES, 24 DE SEPTIEMBRE, A LAS 17.30 Y 20.00 HORAS

Soñadores. Reino Unido/Francia/ Italia. 2003. Dir: Bernardo Bertolucci. Con Micahel Pitt, Eva Green, Louis Garrel, Robin Renucci, Anna Chancellor. El Mayo de 1968 fue el mes de los que creían que otro mundo era posible, el mes de las utopías, el de los soñadores. Los vaticinios escritos por Aldous Huxley advertían de un planeta dominado por el consumo, la guitarra de Hendrix y las letras de The Doors se resistían a decir que había llegado el The End y las películas de Godard proponían una forma diferente de vivir y de hacer cine. Estos son solo algunos nombres que formaban parte de la ‘mitología’ de los jóvenes ‘sesenteros’. La filosofía que trasmitían estos artistas fue penetrando en la sociedad hasta formar parte del corpus ideológico de gran parte de ella. Este hecho es fundamental para comprender las razones del por qué se dieron en diferentes partes del mundo (París, Praga, Ciudad de México), de manera casi sincronizada, acontecimientos revolucionarios, iniciados en la mayor parte de los casos por estudiantes universitarios de clase burguesa. Isabelle y Theo son dos hermanos gemelos que no han cumplido la veintena, viven con sus padres en un típico apartamento parisino y acuden a diario a la Cinematheque francesa, en donde se proyectan películas que van desde los clásicos hasta las ‘nuevas olas’ del cine. Allí conocen a Matthew, un estudiante californiano que comparte con ellos su pasión por el séptimo arte y que cerrará el triangulo de soñadores. El marco en el que se desarrolla su amistad es un París desbordado por la corriente contestataria estudiantil. Pero Bernardo Bertolucci no cae en la simple reconstrucción histórica del Mayo del 68, sino que encierra a sus tres personajes en un apartamento para realizar una recreación de las revoluciones “puertas a dentro” que se llevaron a cabo en dicha época. Las transgresiones que se pueden observar en Soñadores están más relacionadas con la ruptura generacional, los gustos artísticos o el sexo que con la lucha por los derechos de los trabajadores o la oposición a la guerra de Vietnam. A pesar de ello Isabelle, Theo e incluso el aparentemente más ingenuo Matthew son personajes que desprenden una apabullante vitalidad, una forma diferente de lucha, producto de las revoluciones llevadas a cabo por los artistas que adoran y que se muestran a día de hoy como uno de los pocos triunfos que se cosecharon en esa década para combatir contra lo que Cortázar definía "la muerte climatizada del estado del bienestar". Las múltiples citas cinéfilas sirven como recordatorios que evidencian que el arte, en este caso el cine, es más que un pasatiempo y constituye un lenguaje capaz de trasmitir las emociones de sus personajes al espectador haciendo que las interiorice y formen inevitablemente parte de su persona. Soñadores atrapa al espectador porque es una obra que tiene en sus cimientos la pasión que se siente por algunas cosas cuando se es joven. Pasión que con el paso del tiempo puede verse como la culpable de comportamientos erróneos o vergonzantes. Pero como sugiere Edith Piaf en la canción que cierra el film, no hay que arrepentirse de nada.

MARTES, 25 DE SEPTIEMBRE, A LAS 17.30 Y 20.00 HORAS

The Queen. Reino Unido. 2007. 97 mins. Dir: Stephen Frears. Helen Mirren,  James Cromwell,  Michael Sheen,  Alex Jennings,  Sylvia Syms,  Roger Allam,  Laurence Burg,  Tim McMullan,  Michel Gay,  Jake Taylor Shantos,  Pat Laffan,  Dash Barber,  Helen McCrory,  Joyce Henderson,  Mark Bazeley,  Paul Barrett  Algún día no muy lejano, en todas las escuelas de teatro y de policía se estudiará el trabajo de Helen Mirren en The Queen, esa película que se planteó un reto casi flaubertiano: contar la historia de una mujer sin historia. Peter Morgan, su guionista, supo alzar el esquivo "arco del personaje": Isabel II ha de asumir un fenómeno entrópico que la desborda, el duelo popular tras la muerte de Diana de Gales. Helen Mirren corrió a enfundarse la gabardina invisible de la inspectora Tennyson en Prime suspect: para atrapar a su presa tenía que comprender sus razones.m Ponerse "en su lugar" sin juzgarla; mirar como ella, sentir como ella. Las malas actrices, escribió Marsé, tienen mil caras y una sola expresión; las buenas, una sola cara y mil expresiones. Pero la inspectora se enfrentaba a un problema mayúsculo: una sospechosa inexpresiva, inescrutable, educada para la soledad y la dureza mineral. Una esclava del deber y el protocolo, condenada a no revelar nunca sus sentimientos. Se trataba, pues, de bajar hasta el fondo del pozo y rastrear esas gotas de agua viva que siempre escapan de las calcificaciones del alma. Su segunda misión, todavía más ardua, consistía en exponerla, narrarla, pero sin traicionar su esencia, sin apenas palabras ni efusiones sentimentales. Una extrema economía de recursos, un asedio forzosamente lateral: frases banales que esconden sobrentendidos, silencios mudos que revelan silencios estruendosos, gestos furtivos que sólo una investigadora muy avezada lograría detectar. Sus armas: un rostro, unas manos, unos ojos.

 

MIÉRCOLES, 26 DE SEPTIEMBRE, A LAS 17.30 Y 20.00 HORAS

María Magdalena. USA. 2018. 115 mins. Dir.: Garth Davis. Con Joaqín Phoenix. Rooney Mara, Chiwete Ejiofor, Tahar Rahim. Película que adopta una visión feminista de la figura de María Magadalena, mujer que deja atrás su pueblo para unirse a una nueva religión tan carismática que se presenta como un nuevo movimiento social liderado por un Jesús que apuesta por un cambio del mundo. María busca una nueva forma de vida y una autenticidad que la jerarquía infexible de su época lae niega. A medida que aumenta la notoriedad del grupo de apóstoles y acuden más personas para escuchar el inspirador mensaje de Jesús, el viaje espiritual de María la convierte en protagonista de una historia que la llevará a la capital, Jerusalén, donde tendrá que enfrentarse a la realidad del destino que le espera a Jesús y a su propio papel dentro de todo ello.

JUEVES, 27 DE SEPTIEMBRE, A LAS 17.30 Y 20.00 HORAS

Cheri. Reino Unido/Francia/Alemania. 2009. 88 mins. Dir.: Stephen Frears. Con Michelle Pfeiffrer, Rupert Friend, Felcity Jones, Kathy BatesNunca toque el ala de una mariposa con el dedo, aconsejaba Colette, la apóloga de la sabiduría frívola. Y menos, diríamos, si el ala de la mariposa cree que está perdiendo su color, como le ocurre a esta ex cortesana que comete el error de enamorarse de un postadolescente bello y díscolo en busca de un cuerpo maduro en cuyos brazos reformarse. Al contrario que Las amistades peligrosas (1988), la más famosa colaboración entre Frears y el guionista Christopher Hampton, en la que la puesta en escena prefería los primeros planos de los actores a los planos generales de los decorados, Chéri está enamorada de las sedas y los candelabros de un universo tan sensual como decadente, cuya belleza tiene más que ver con lo que tiene miedo de perder que con lo que ha logrado conservar.

VIERNES, 28 DE SEPTIEMBRE, A LAS 17.30 Y 20.00 HORAS

Ready Player One. USA. 2018. 134 mins. Dir.: Steven Spielberg. Con Tye Sheridan, Olivia Cooke, Ben Mendelson, T.J. Miller y Simon Pegg. Cine de aventuras y acción que aúnan el Spielberg más entretenido y el Spielberg seducido por el genero de la mejor ciencia ficción, aquella que habla de realidad virtual, simulacro condensado en un apocalíptico mundo cibernético donde lo falso ha dejado de serlo definitivamente. Por el medio, una dura reflexión sobre el futuro de la humanidad ante los problemas reales que verdaderamente la amenazan: la desigualdad social, la quiebra ecológica o la más elemental injusticia. Y todo ello para observar el mundo del entretenimiento como una fuga ante los acontecimientos reales. Un peli que haría las delicias de Platón. No se la pierdan.