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CICA

CENTRO DE INTERPRETACION DEL CINE DE ASTURIAS

Más allá de las pantallas, la magia del cine ocupa un lugar privilegiado en el Casino de Asturias. Espacios dedicados a la historia de nuestro cine, con exposiciones permanentes y temporales, mediateca,zona de proyección, sala de conferencias y, por supuesto,un atractivo programa de actividades relacionadas con el séptimo arte.

 

 

PROGRAMACIÓN 

Te ofrecemos una amplia y variada programación centrada en el séptimo arte.

A continuación podrás consultar las reseñas de las proyecciones programadas para el mes en curso.

ESPECIAL BERNARDO BERTOLUCCI

 

3 DE DICIEMBRE, LUNES, A LAS 17.30 Y 20.00 HORAS

El último tango en París. USA. 1972. 124 mins. Dir.: Bernardo Bertolucci. Con Marlon Brando, MMaría Schneider, María Michi, Giovanna Galletti, Jean-Pierre Leaud, Massimo Girotti. El insigne Ángel Fernández-Santos —parece increíble que lleve muerto doce años— comentaba al respecto de ‘El último tango en París’ (‘Ultimo tango a Parigi’, Bernardo Bertolucci, 1972) que se trata de una obra coja y desequilibrada, un poema sobre un náufrago en el asfalto parisiense, que es en realidad la sombra de una miseria colectiva. Qué gran forma de definir esta cinta tan polémica en su tiempo, e incluso ahora, al repetirse exactamente la misma polémica en una demostración de lo cíclico y absurdo de la vida. Decía el crítico que Bertolucci había puesto en bandeja a Marlon Brando una de las oportunidades de su vida. El actor estaba en un momento inmejorable, el mismo año que ganaría su segundo Oscar, y a pesar de que ya no tenía que demostrar absolutamente nada a nadie, aún tuvo algunas cosas que decir en la década de los setenta. En el film de Bertolucci realiza una de las mejores interpretaciones de su carrera. Casi puede decirse que la película es él. El último tango en París’ da comienzo con un espectacular movimiento de cámara en el mismo lugar en el que años más tarde Leonardo DiCaprio “entrenaba” a Ellen Page en la multiforme ‘Origen’ (‘Inception’, Christopher Nolan, 2010). Un picado sobre el personaje de Marlon Brando en lo que es una clara declaración de intenciones. El film versará alrededor de él, el verdadero pilar de un film que cuando se aleja de Brando pierde todo interés e incluso resulta bastante insoportable. Dicen que el monumental actor improvisó la mayor parte de sus diálogos. Define el crítico Aaron Rodríguez en su suculento texto sobre el film que Paul (Brando) —un nombre para el hombre sin nombre— es un vampiro, extraordinaria forma de definir a un ser que está harto del mundo, del ruido de la ciudad, de sus gentes e historias, de su pasado e incluso de un futuro muy incierto y que no es otro que la muerte, el futuro de todos. Un vampiro que, como muchos que no lo son, quieren retener algo imposible de retener, y que irónicamente es una invención humana: el tiempo

4 DE DICIEMBRE, MARTES, A LAS 17.00 Y 20.00 HORAS

Noveccento. Parte I. Italia-USA-Francia. 155 mins. Dir.: Bernardo Bertolucci. Con Robert De Niro, Gerard de Pardieu, Laura Beti, Donald Sutherland. Rodada cuatro años después de El último tango en París, otra de sus indiscutibles obras maestras, Bertolucci regresa con este declarado y esquemático panfleto marxista a favor de la lucha de clases, en el que el maniqueísmo queda subrayado por el propio director hasta el punto de convertirlo en virtud fílmica, al cine de sus orígenes, a la radicalidad de sus primeras películas como La commare secca o Prima della rivoluzione, marcadas por su militancia comunista, su relación con Pier Paolo Pasolini y el gusto por un cierto naturalismo —los campesinos de Emilia, que parecen sacados de cualquier película del director de Teorema, por su físico tosco y primario; la presencia telúrica en el film de los elementos tierra, mierda, leche, amalgamados—. Pero Novecento es también una fábula didáctica, que tanto vale para un iletrado —los campesinos de la película que terminan teniendo protagonismo en ella—como para una intelectual, sobre el poso revolucionario enquistado en las clases oprimidas, en este caso los campesinos de Emilia, vejados por los terratenientes—Cuando la cosecha es doble, no nos da paga doble, dice un campesino al amo cuando éste les anuncia que una granizada ha desbaratado la cosecha y les pagará menos—, caprichosamente comprados y vendidos con las acémilas, asesinados por los fascistas y la policía, y es en ese punto que Novecento  debe mucho al concepto cinematográfico e ideológico de cine revolucionario del maestro soviético Serguei M. Eisenstein— las cargas de la policía contra los campesinos podían muy bien haber sido rodados por el realizador de El acorazado Potemkin, tienen su aura —que tuvo que tener muy presente Bertolucci mientras rodaba esta obra épica. A través de dos personajes prototípicos, el campesino Olmo Dalcó (Gerard Depardieu), cuya mujer es una honesta maestra comunista (Stefanía Sandrelli), y el terrateniente Alfredo Berlingheri (Robert de Niro), casado infelizmente con la burguesa y excéntrica Ada Fiastri (Dominique Sanda), tomados en su infancia, madurez y vejez, en su epílogo, y sin salir de ese marco teatral que es el gran escenario de la finca agrícola, Bertolucci resume un siglo convulso de la historia de su país y escenifica la vigencia de la lucha de clases en el continuo enfrentamiento entre sus protagonistas que, no por su alejamiento ideológico, dejan de ser amigos, como lo fueron sus dos respectivos abuelos, al bracero Leo Dalcó (Sterling Hayden) y el terrateniente fundador de la dinastía Alfredo Berlingheri (Burt Lancanter), con todas las consecuencias y desencuentros. Rica en detalles, Novecento es también la historia de una fuerte amistad entre esos dos niños que nacen el mismo día, se hacen hombres al unísono y devienen, en su epílogo, ancianos, de lo que les une —la tierna prostituta epiléptica Neve (Stephanie Casini), que comparten en una tarde en la ciudad; las veces que Olmo va a la hacienda en donde Ada instruye a su hija, o Alfredo frecuenta la modesta vivienda de su amigo buscando un calor de hogar que no tiene en su casa; las rememoraciones de la infancia, cuando Alfredo observaba cómo Olmo niño pescaba las ranas que luego debía comer, entre vómitos, en la mesa de su hacienda; la tierra que el uno trabaja y el otro tiene, o los separa . Así como Eisenstein personificó el mal absoluto en Alexander Nevsky en los caballeros teutones, Bertolucci hace recaer ese rol en el fascista Attila Melanchini (un enloquecido e histriónico Donald Shuterland), el camisa negra violento, un pervertido  que mata niños y gatos y tiene una relación sexual enfermiza con Regina, la prima de Alfredo, interpretada por una Laura Betti que hace odioso su personaje; Attila es el contrapunto preciso a la honestidad revolucionaria de Olmo y a la ambigüedad burguesa de su amo Alfredo a quien el bravucón fascista sirve.

5 DE DICIEMBRE, MIÉRCOLES, A LAS 17.30 Y 20.00 HORAS

 

Noveccento. Parte II. Italia-USA-Francia. 90 mins. Dir.: Bernardo Bertolucci. Con Robert De Niro, Gerard de Pardieu, Laura Beti, Donald Sutherland.

7 DE DICIEMBRE, VIERNES, A LAS 17.30 Y A LAS 20.00 HORAS

La luna. Reino Unido. 137 mins. Dir.: Bernardo Bertolucci. Con Jill Clayburgh, Matthew Barry, Roberto Benigni, Veronica Lazar y Renato Savatori. Una reconocida diva internacional de la ópera se traslada a vivir a Italia con su hijo adolescente. Allí mantienen una tormentosa relación, casi incestuosa. Mientras la madre redescubre los espacios y personas de su juventud, el hijo se sumerge peligrosamente en el mundo de la heroína. Después del filme que le brindó el prestigio internacional, “El último tango en París” y antes de su éxito “El último emperador”, el cineasta italiano Bernardo Bertolucci rindió homenaje a Verdi con este filme que enlaza escenas como si se tratara de las arias o dúos operísticos del compositor. Con “La luna”, Bertolucci escandalizó a los moralistas, que no vieron con buenos ojos la relación madre-hijo que presentaba el realizador italiano. Una relación con la que él pretendía ofrecer su particular visión del psicoanálisis de Freud. Además, después de la reflexión, la compleja historia se resuelve de manera simple, mostrando una reconciliación familiar digna de los melodramas del viejo Hollywood.

10 DE DICIEMBRE, LUNES, A LAS 17.30 Y 20.OO HORAS

 

El último emperador. Reino Unido. 1987. 160 mins. Dir.Bernardo Bertolucci. Con John Lone, Peter O´Toole y Joan Chen. Bernardo Bertolucci ha dejado un puñado de películas consideradas obras maestras que han reflejado distintos aspectos de sus obsesiones. En su muerte, se recuperan obras monumentales como ‘Novecento’ (1976) y ‘El último tango en París’ (1972), que le posicionan como la cara italiana más reconocible en la transformación del cine en los 70, en la que la voz de los autores y un celuloide más áspero se filtró en las grandes salas. ‘El último emperador’ (The Last Emperor , 1987) no parece representar, a priori, los principales signos de identidad de su cine anterior, y la imagen que queda de ella, perdida entre la apreciación popular de prestigio en los 80, es la de una de esas películas históricas suntuosas que no logra renovar su popularidad durante el tránsito intergeneracional. Pero ojo. Es una de las tres ganadoras del Óscar a Mejor Película que ganó cada una de las estatuillas por las que fue nominada, 9 en total, una cifra que solo han logrado otras 3 premiadas. El estigma del cine de los ochenta ha borrado del imaginario popular muchas de las cintas de prestigio con menos seguimiento de culto y Bertolucci sigue siendo considerado por otros títulos anteriores o posteriores, pero lo cierto es que con su décimo filme demostró que en su corpus de trabajo podía manejar grandes escenas de hálito épico y alternarlo con sus señas de autor más reconocibles.

11 DE DICIEMBRE, MARTES, A LAS 17.30 Y 20.00 HORAS

 

El cielo protector. Reino Unido. 1990. 90 mins. Dir.: Bernardo Bertolucci. Con ohn Malkovich, Debra Winger, Campbell Scott, Jill Bennett, Eric VuAn, Amina Annabi, Paul Bowles. Exploración de un escritor en los vericuetos de su propia memoria en busca de los rastros de una pasión que habría de terminar en locura (no en vano la frase advocatoria bajo la que se coloca la novela, de un escritor hoy tan olvidado como interesante, Eduardo Mallea, así lo anuncia: "Lo que tiene nuestro destino de nuestro y de distinto es lo que tiene de parecido con nuestro propio recuerdo"), El cielo protector es una de las grandes obras sobre la fascinación que un país remoto y diferente ejerce sobre el ánimo torturado de dos amantes que han perdido toda posibilidad de entendimiento, pero que son incapaces de vivir uno sin el otro. Atraído por esos personajes delineados con fuerza, en las fronteras mismas de la razón, Bernardo Bertolucci se aplica a la ilustración de la novela, y el resultado es un filme extraño, a ratos fascinante, a ratos hermético, pero siempre, siempre, turbadoramente hermoso.

El cielo protector discurre entre dos referencias de películas cuyos carteles se hacen ostensiblemente visibles al espectador, y cuya inclusión nunca es casual en los filmes del italiano: recuérdese en El conformista a Jean-Louis Trintignant topándose con un anuncio de La vie est à nous, el filme-proclama de Jean Renoir que ayudaba en más de un sentido a situar la acción. Uno de dichos carteles recibe a los tres personajes centrales del filme a su llegada a Tánger, y es de Sans lendemain de Max Ophüls, la historia de una mujer empujada a la prostitución; el otro, de Remorques, de Jean Grémillon, que cuenta la dura opción de un hombre (Jean Gabin) que ama a una mujer pero que regresa junto a su esposa enferma, para perderlas a ambas, para perderlo todo. En medio, una peripecia orquestada en tres tiempos muestra el lento declinar de la pareja -espléndidos John Malkovich y Debra Winger-, que discurre en paralalo con el propio viaje hacia el desierto, metáfora de la nada, de la imposibilidad de asir una realidad que se escapa, de la agonía.

12 DE DICIEMBRE, MIERCOLES, 17.30 Y 20.00 HORAS

 

Basada en hechos reales. Francia. 2017. 96 mins. Dir.: Roman Polansky. Con Emmanuel Signeur, Eva Green, Vincent Pérez. Con una sola frase mecanografiada sobre un folio en blanco, Stanley Kubrick sintetizó en El resplandor (1980) uno de lo más obsesivos temas en la obra de Stephen King: el del bloqueo del escritor. En Basada en hechos reales, adaptación de la novela homónima de Delphine de Vigan, Roman Polanski y su coguionista Olivier Assayas proponen una gélida variante a esa imagen: el imponente, casi devorador, blanco absoluto de un documento de Word abierto en la pantalla de un ordenador portátil. De Vigan rinde explícito tributo a King al dividir su relato en tres partes diferenciadas, dos de las cuales se abren con sendas citas de Misery –la gran pesadilla del escritor enfrentado a una idea monstruosa del lector- y la otra con una cita de La mitad oscura –o el tema del doble (escritor) según la mirada paranoica kingniana-. Como bien señaló Nelly Kaprièlian en su crítica del libro publicada en Les Inrockcuptibles, lo que proponía la escritora no era tanto un ejercicio de literatura de género como una temeraria hibridación: el matrimonio contra natura entre la tradición francesa de la autoficción con el imaginario del autor de La historia de Liley, Ventana secreta, secreto jardín y tantos otros relatos sobre el infierno de crear. Aunque quizá el matiz sea irrelevante: ¿no es, de hecho, también una forma de autoficción lo que hace King? Llevar al cine esta novela de una autora de dolorosas autoficciones que decide jugar, por una vez, a la metaficción paranoica podía parecer una elección natural para un cineasta como Polanski, artista no sólo versado en explorar los fantasmas de la subjetividad, sino sujeto de una larga persecución judicial y de un reforzado cuestionamiento social y mediático. En la película, una escritora de éxito es progresivamente vampirizada por una admiradora, mientras recibe amenazadores anónimos que la reprenden, a su vez, por vampirizar en su escritura la vida de sus seres queridos. El potencial para trazar aquí la línea que uniera Repulsión (1965) y El quimérico inquilino (1976) con el cuestionado Polanski de carne y hueso era tan inmenso como decepcionante resulta el resultado final. Hay aplicada elegancia donde debería manifestarse, de manera progresiva y sutil, una perturbación en esta propuesta que no osa ser autoficción, ni tampoco película de terror, desembocando en un desenlace ambiguo que, a estas alturas, ya parece tan cliché como el susto final en una película de terror de los 70.

17 DE DICIEMBRE, LUNES, 17.30 Y 20.00 HORAS

Solo. Una historia de Star Wars. USA. 130 mins. Dir.: Ron Howard. Con Alden Ehrenreich, Woody Harrelson, Emilia Clarke, Donald Glover, Thandie Newton y Paul Betany.

Lo fácil sería afirmar que resulta imposible que una película por la que han pasado varios directores, que se ha enfrentado a despidos y a cambios de reparto y que supuestamente ha rehecho bastante más de la mitad de lo que ya se había filmado, pueda estar cerca de la excelencia. Lo fácil sería decir que es improbable que un personaje inmortal alcance en una historia sobre su juventud la mítica de su ascendente y más cuando su intérprete es una leyenda en sí mismo. Pero solo hay que recordar lo que ocurrió en el rodaje de Lo que el viento se llevó, o lo que logró Robert De Niro con el Vito Corleone de la segunda entrega de El padrino, para confirmar que en esto del cine nadie sabe nada y que incluso de los terremotos laborales puede surgir una obra maestra. ¿Palabras mayores? Sí, por supuesto, pero la saga galáctica también forma parte de esa liga de palabras mayores, y Han Solo, como se ocupa de subrayar su subtítulo, es Una historia de Star Wars . De modo que abordemos la película que es, y no la que hubiera podido ser, y desprendámonos de los prejuicios en torno a la aureola de un personaje fascinante, porque el trabajo de Alden Ehrenreich, sonrisa carismática, gesto burlón, heredero de Harrison Ford, quizá sea lo mejor de la función. Al mando de un académico como Lawrence Kasdan, guionista de El imperio contraataca, el relato de Han Solo regresa a la linealidad temporal, y al clasicismo original de las aventuras espaciales que articulaban la primera trilogía de la saga. Aunque, como se ocupa de resaltar el texto del prólogo, ataviado con un espíritu de salvaje Oeste, que lo hace entroncar con el género, en cierto modo, hermano del que inspiraba la concepción original de George Lucas: el cine de samuráis. Así, pese a algún apunte inicial de corte social, con esas secuencias de colas de refugiados que podrían servir de metáfora de la realidad contemporánea, la historia de Kasdan apela a la aventura y al western clásicos. Porque, frente al romanticismo de la pareja de protagonistas, plena de química entre Ehrenreich y Emilia Clarke, la imagen de Han Solo está presidida por un infecto tono clásico: en los escenarios, en la escala fotográfica e incluso en el vestuario. Particularidades formales que encajan en un western crepuscular, y una space opera que se supone que había escrito Kasdan, de época que comienza.

18 DE DICIEMBRE, MARTES, 17.30 Y 20.00 HORAS

Sicario. El día del soldado. USA. 2018. 110 mins. Dir.: Stefano Sollima. Con Benicio del Toro, Josh Brolin, Isabela Moner, Jefreey Donoval, Manuel García-Rulfo y Catherine Keener. Sicario: el día del soldado es la continuación de Sicario, una atractiva, dura y espectacular película que dirigió ese señor tan ecléctico llamado Denis Villeneuve. Aquí le releva el italiano Stefano Sollima, autor de series más que visibles sobre diversas mafias como Gomorra y Roma criminal. Lo que no ha cambiado es el muy solvente guionista Taylor Sheridan. El argumento, las situaciones y los personajes rezuman tensión, violencia evidente y subterránea, profesionalidad. Y el metraje transcurre deprisa, la trama interesa, posee ritmo, las secuencias de acción (que son muchas) están muy bien rodadas, es un entretenimiento digno y sólido, algo bastante agradecible en la época veraniega, ancestralmente plagada de saldos. El narcotráfico mexicano sigue dando juego en el cine, las series y la literatura. Normal. Es la apoteosis del horror, el desprecio absoluto por la vida ajena, las venganzas rituales. Una guerra imposible de ganar para las presuntas fuerzas del orden. Lo último se afirmaba desoladamente en Traffic, la magistral película de Steven Soderbergh, constatando que siempre habrá oferta mientras que exista demanda y la primera dispone de tanto poder que corrompe todo y a todos. Y nadie que haya conocido al atildado, suave, cerebral e implacable dueño de Pollos hermanos en la serie Breaking Bad podrá olvidar a ese genio del narcotráfico

19 DE DICIEMBRE, MIERCOLES, 17.30 Y 20.00 HORAS

Los hermosos días de Aranjuez. Francia-Alemania-Portugal. 2016. 93 mins. Dir.: Wim Wenders. Con Reda Kateb, Sophie Semin, Jens Harzer, Nick Cave y Peter Handke.  La voz de Lou Reed desgrana Perfect Day mientras la cámara recorre, bajo un sol sereno, los solitarios bulevares parisienses en lo que podría ser, en efecto, un perfecto día veraniego. El recorrido termina en el jardín de una casa, espaciosa y apartada, con el aire meciendo suavemente las ramas de los árboles alrededor de una mesa flanqueada por dos sillas solitarias. En el interior de la casa, un escritor contempla ese espacio, con una versión miniaturizada de esa mesa y esas sillas de jardín sobre su mesa de trabajo, presidida por una vieja máquina de escribir. Se activa la maquinaria de la creación –o de la memoria- y un hombre y una mujer aparecen en el mirador para entablar una conversación.Los hermosos días de Aranjuez, adaptación de la pieza teatral homónima que el austríaco Peter Handke escribió directamente en francés en 2012, es el tercer experimento con la imagen tridimensional de un Wim Wenders que descubrió las posibilidades de la visión estereoscópica para redefinir el espacio fílmico en un proyecto tan pertinente para ello como Pina (2011). Aunque en las salas de nuestro país la película no vaya a ser proyectada en 3D, su lenguaje visual permite intuir que aquí la apuesta técnica no resulta tan injustificada como en la precedente Todo saldrá bien (2015). 

20 DE DICIEMBRE, JUEVES, A LAS 17.30 Y 20.00 HORAS

Mi querida cofradía. España. 2018. 84 mins. Dir.: Marta Díaz de Lope Díaz. Con Gloria Muñoz, Pepa Aniorte, Juan Gea, Rocío Molina, Joaquín Nuñez, Manuel Morón, Carmen Flores, Alejandro Albarricín, Rosario Pardo. Carmen, católica, apostólica y malagueña, va a convertirse en la presidente de su cofradía. Pero se lleva un gran chasco cuand el grupo elige a Ignacio, su máximo rival. Lejos de aceptarlo, se mete en  un lío que parece no tener fin. Patisllas, torrijas, su hija, la nieta y la vecina. Tiene medio pueblo en casa y el otro medio en la calle y todos la necesitan. Que una frase tan emblemática como “todo está atado y bien atado”, pronunciada por el dictador Franco en el mensaje de Navidad del año 1969, reaparezca en una película de 2018, en boca del párroco de una iglesia y en referencia al proceso sucesorio por la presidencia de una cofradía de Semana Santa, ofrece una variedad de lecturas que desde luego trascienden la fracción social para alcanzar a toda una colectividad. Porque he ahí la primera de las grandes virtudes de Mi querida cofradía, notable debut en la dirección de Marta Díaz de Lope Díaz: que cada una de las actitudes de corte patriarcal que surgen en la comedia, en principio en el seno de una institución religiosa, sean también extensibles a los más diversos ámbitos de la vida española, y siempre en torno al machismo dominante. Aunque quizá lo más sorprendente de la película de Díaz, también coguionista, sea el complejísimo equilibrio que mantiene entre la despiadada crítica a ciertos aspectos de la Semana Santa y el absoluto respeto a su esencia cultural, social e incluso religiosa. 

21 DE DICIEMBRE, VIERENES, A LAS 17.30 Y 20.00 HORAS

Vida en sombras. España. 1948. Montaje previo a la censura . 85 mins. Dir.: Llorenç Llobet Gracia. Con Fernando Fernán Gómez, María Dolores Pradera, Isabel de Pomés, Alfonso Estela, Arturo Cámara, Camino Garrigó, María Severini, Mary Santpere, Juan López, Félix de Pomés, Graciela Crespo, Fernando Sancho. Un película insólita para la época en que se hizo, en primer lugar por su visión honesta de la Guerra Civil española, visión en la que los fascistas sublevados son los malos, los rebeldes al orden establecido, y en la que se habla catalán en la radio, como es lógico si la acción transcurre en la Barcelona del 36. Pero, además de lo anterior, es un film insólito para su época por su rabiosa y apasionada cinefilia, por la identificación absoluta, apasionada y visceral, entre cine y vida, entre el "ver" (en la pantalla del cine, o bien a través del objetivo de la cámara de cine) y el "vivir", como queda patente cuando Fernando Fernán-Gómez filma a María Dolores Pradera en la cubierta de un barco, en el viaje de novios. En ese amor absoluto por el cine, en ese vivir a través del cine, en ese recordar, re-vivir y re-nacer a través del cine del protagonista, "Vida en sombras" es un film muy adelantado a su tiempo -tanto en el cine español como en el cine mundial de los años 40-, y de ahí el fracaso de público en su día, su olvido, su posterior redescubrimiento a partir de los años 80, cuando nuevas generaciones de cinéfilos lo rescataron del olvido, lo redescubrieron, y lo convirtieron en el film de culto que es hoy. Aunque...con la diferencia de que, para los cinéfilos de la generación de Llobet-Gracia, el amor al cine se basaba en la idea de que el cine se entendía como Verdad, mientras que para los cinéfilos posteriores el cine se entiende más bien como Artificio. "Vida en sombras" es un film hecho con amor, con un amor al cine desmesurado, y que traspasa al otro lado de la pantalla esa desmesura, ese amor. De ahí que se le puedan perdonar algunas debilidades, como el esquematismo de la historia; de ahí que sus virtudes - los elegantes movimientos de la cámara, el expresionismo en la iluminación y la fotografía, la idea de alterar la realidad para dotarla de un mayor valor cinematográfico, que es lo que hace Carlos Durán (Fernán-Gómez) al rodar noticiarios durante la Guerra Civil- se valoren más.

26 DE DICIEMBRE, LUNES, A LAS 17.30 Y 20.00 HORAS

Dos coronas. Hungría. 2017. 90 mins. Dir.: Ferenc Törok. Con Péter Rudolf, Bence Tasnádi, Dóra Sztarenki, Tamás Szabó Kimmel, Eszter Nagy.-Láloozy, Ági Szirtes, Jozsef Szarvas. Exhibida en la Berlinale, esta es la clásica película de festival que puede tener una digna carrera comercial de cara a un público interesado en el cine contemporáneo. Es húngara, menos original que «En cuerpo y alma» y más accesible que «El hijo de Saúl», con la que comparte el tema del Holocausto. Los críticos anglosajones la comparan con un western porque su depurada fotografía en blanco y negro ayuda a visualizar una comunidad a la vez concreta y universal, como los pueblos de la frontera del género nacional norteamericano. Pero también evoca referencias más cercanas, como la novela de García Márquez «Crónica de una muerte anunciada»; es mejor que la versión que uno recuerda de Francesco Rosi, de hace 20 años.  Quiere decirse que estamos ante una comunidad que comparte no sólo residencia sino un oscuro secreto, como una suerte de versión inversa de Fuenteovejuna. Todos están unidos por esa herida que creen cicatrizada hasta que un día llegan dos extraños en tren (como en una del Oeste, si quieren) y la herida se abre bruscamente y la sangre sigue sin secarse y algunas alianzas construidas sobre el silencio se ven amenazadas.  La acción transcurre en el verano de 1945, recién acabada la guerra, y los dos extraños visten el atuendo de judíos ortodoxos, lo que da una idea exacta del tipo de herida que mencionamos. Pero para ver cómo se desmorona ese pequeño mundo, un microcosmos de lo que pasó en tantos otros lugares de Europa, tendrán que mirar las imágenes, límpidas y precisas como una pesadilla o una película de Bergman, que describen un horror que nunca se llega a mencionar.

27 DE DICIEMBRE

Ant Man y la Avispa. USA. 2018. 114 mins. Dir.: Peyton Reed. Con Paul rudd, Evangeline Lilly, Michael Peña, Walton Goggins, Hannah John-Kamen,David Dastmalchan, Tip T.L. Harrys, Jody Greer, Bobby Cannavale, Randal Park, Abby Ryder Fortson, Michel Pfeiffer, Laurence Fisburne, Micahel Douglas. Concebida hace tres años como un autoconsciente retazo de singular modestia dentro del universo cinematográfico de Marvel, sin la ambición ni la aparatosidad de buena parte de sus hermanas mayores, Ant-Man supuso un relativo soplo de aire fresco para todos los públicos, amparado en la esencia de la miniaturización del personaje principal, y en los ecos cinéfilos y de tono que desprendía su aventura, inoculados desde El increíble hombre menguante, serie B de Jack Arnold de los años cincuenta, y desde El chip prodigioso, efervescente odisea familiar de ciencia ficción, articulada por los vigorizantes registros cómicos de los años ochenta. Una ausencia de grandes pretensiones que continúa como dominadora en esta segunda entrega, Ant-Man y la avispa, de nuevo dirigida por Peyton Reed, donde, junto a ecos de otro clásico de la ciencia ficción artesanal, La humanidad en peligro, de Gordon Douglas, se ha acentuado su espíritu familiar, con dos niñas como posibles objetos de identificación, y recuperando un trauma infantil de la producción original (la muerte de una madre, la ausencia, el recuerdo y la necesidad de amparo), para acabar así resucitando, literalmente, al personaje que interpreta Michelle Pfeiffer

29 DE DICIEMBRE, JUEVES, 17.30 Y 20 HORAS

78/52. La escena que cambió el cine. Documental. USA. 2018. 88 mins. Dir.: Alexandre O. Philippe. Película documental sobre una de las escenas más extraordinarias e impactantes de la historia del cine: el icónico asesinato de la ducha en Psicosis de Alfred Hitchcock. La historia del hombre tras la cortina y su mayor obsesión. Mejor Película Documental en el Festival de Sitges. Hipnótica, ingeniosa e irreverente master class que nos acerca a la personalidad y métodos de trabajo del “mago del suspense”. Con la participación de Guillermo del Toro, Jame Lee Curtis, el escritor Bret Easton Ellis, el compositor Danny Elfman. Un clásico.