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CICA

CENTRO DE INTERPRETACION DEL CINE DE ASTURIAS

Más allá de las pantallas, la magia del cine ocupa un lugar privilegiado en el Casino de Asturias. Espacios dedicados a la historia de nuestro cine, con exposiciones permanentes y temporales, mediateca,zona de proyección, sala de conferencias y, por supuesto,un atractivo programa de actividades relacionadas con el séptimo arte.

 

 

PROGRAMACIÓN 

Te ofrecemos una amplia y variada programación centrada en el séptimo arte.

A continuación podrás consultar las reseñas de nuestras proyecciones del mes de octubre.

1 DE OCTUBRE, LUNES, 17:30 Y 20 HORAS

Sin rodeos. España. 2018. 84 mins. Dir.: Santiago Seguro. Con Maribel Verdú, Diego Martín, Toni Acosta, Rafael Spregelburd, Barbara Santa-Cruz, Cristina Castaño, Cristina Pedroche, David Guapo, Kike San Francisco, Florentino Fernández, El Gran Wyoming y Candela Peña. Existe una curiosa y notable coincidencia entre las últimas películas de Álex de la Iglesia y Santiago Segura, y es que ambos, autores de un cine tan personal como reconocible (independientemente de que te atraiga o te desinterese) han dirigido remakes, su adaptación de historias y películas inventadas por otra gente. Perfectos desconocidos, que ha logrado hacer reír a un público tan diverso como cuantioso, entre el que me incluyo, es el remake de una película italiana, dirigida por Paolo Genovese, que todavía no he podido ver. Y Sin rodeos es una nueva adaptación (me cuentan que hay una versión mexicana y otra argentina) de la película chilena Sin filtros, parida por Nicolás López, un señor inteligente y un cinéfilo heterodoxo.  En el caso de Álex de la Iglesia Perfectos desconocidos fue un encargo que resolvió modélicamente. Pero no hubo intermediarios en el trabajo de Santiago Segura, que intuyó que existía un filón muy goloso al ver la película chilena. También un reto, ya que aparte de una breve y graciosa aparición, interpretando a un místico y sanador hindú que en realidad es de Alcobendas, Segura se limita a dirigir. Un riesgo de cara al multitudinario público de la millonaria saga torrentiana. Iban a disfrutar con ese esperpéntico y delirante antihéroe identificándolo con la presencia en cada plano de Santiago Segura. El cebo absoluto era él delante de la cámara. Dudo que a gran parte de esos espectadores masivos les interesara saber quién dirigía las aventuras y desventuras de su idolatrado Torrente Es imposible no segurir con interés la tortura cotidiana —en un mundo donde todo cristo pretende ser oído pero nadie escucha al prójimo— de esa mujer tan afortunadamente normal que los demás tratan como si fuera anormal, su resignada desolación constatando que no existe o únicamente la quieren para explotarla en su entorno familiar, profesional y sentimental. Y sobre todo, agradezco que personajes, situaciones y gags me despierten la sonrisa y la risa, gestos que escasean en el cine y en la vida. Maribel Verdú sigue ofreciéndo razones para que sea la actriz española que más  gusta. Y Candela Peña solo necesitas tres apariciones episódicas para bordar un personaje.

2 DE OCTUBRE, MARTES, 17.30 Y 20.00 HORAS 

ESPECIAL HEMINGWAY

Por quíen doblan las campanas. USA. 1943. 158 mins. Dir.: Sam Wood. Con Gary Cooper, Ingrid Bergman y Akim Tamiroff. Probablemente los films con ex brigadistas interpretados por Paul Lukas (Watch on the Rhine) y John Garfield (The Fallen Sparrow), estrenados en el verano de 1943, fueron comprendidos en mayor medida por los espectadores neoyorquinos gracias a que, con algo más de un mes de antelación, había llegado a la urbe la versión cinematográfica de la novela de Ernest Hemingway For Whom the Bell Tolls (Por quién doblan las campanas). Al igual que el libro, esta película situaba todo su desarrollo narrativo en la guerra española; y en su estreno proporcionaba elementos suficientes para una visión racional de lo que había significado la contienda. Sin embargo, la compañía productora, Paramount, inició un proceso de cortes graduales que dejarían drásticamente disminuida la obra, en duración y contenidos. Amputada en cerca de tres cuartos de hora, Por quién doblan las campanas perdió buena parte de sus valores y adquirió, con el transcurso del tiempo, una imagen más bien negativa y escasamente acorde con el alcance de la versión original, hasta el punto de que el desdén a la película se convirtió en un tópico. Y con ese desdén se la recibió en la España de 1978 cuando por fin pudo acceder a las pantallas, gravemente afectada por dichas mutilaciones. Con base en las incomprensiones motivadas por los cercenamientos, se agrandaron los rumores en torno a presiones políticas con relación a la génesis del film y se cimentó una falsa leyenda sobre la misma. Por si fuera poco, la mentalidad ultraderechista del director, Sam Wood –cuya designación para el cargo ha constituido siempre una especie de misterio– abonó las posturas en contra de la película, sobre todo a partir de opiniones radicalmente izquierdistas.

 

3 DE OCTUBRE, MIÉRCOLES, 17.30 Y 20.00 HORAS

 

Verano de una familia en Tokio. Japón. 2018. 109 mins. Dir.: Yoji Mayada. Con Satoshi Tsumabuki, Yû Aoi, Kazuko Yoshiyuki, Yui Natsukawa, Isao Hashizume, Takashi Sasano, Masahiko Nishimura, Jun Fubuki, Nenji Kobayashi, Tomoko Nakajima, Yuriko Hirooka, Kôen Kondô, Tsurube Shôfukutei, Fujita Okamoto, Katsumi Kiba, Shozo Hayashiya, Jiro Dan, Masayasu Kitayama, Yûki Tokunaga, Ayumu Maruyama, Takanosuke Nakamura El octogenario Yoji Yamada se está volviendo un habitual de nuestras carteleras. Tras irrumpir por partida doble el pasado año con “Nagasaki: Recuerdos de mi hijo” y “Maravillosa familia de Tokio”, ahora nos llega la continuación de esta última, “Verano de una familia de Tokio”, secuela inmediata que vuelve a reunir a los Hirata en una nueva aventura. Si bien el reparto de este filme ya lo disfrutamos por primera vez en “Una familia de Tokio” (2013), melodramático y sentido remake de “Cuentos de Tokio” (1953) de Yasujiro Ozu, es en esta tercera entrega cuando por fin encontramos una continuidad. Y es que lo que hizo anteriormente con “Maravillosa familia de Tokio” fue reunir a esta familia y cambiar sus roles, así como convertir el filme en una cinta cómica (su primera incursión tras una década repleta de intensísimos melodramas). Este cambio de género se efectuó de maravilla (valga la redundancia), valiéndose del slapstick más clásico a la vez que reformulando la historia original de Ozu por unos derroteros más simpáticos y, por qué no decirlo, actuales a los tiempos que corren. Mientras que en su anterior entrega el relato se despedía con la reconciliación del matrimonio de los abuelos, el de su hijo primogénito empezaba a tambalearse. Una idea muy lograda que explicaría las diferencias y parecidos generacionales en Japón y que sin embargo en esta nueva cinta se obvian. “Verano de una familia de Tokio” se abre con el mismo sentido del humor que la anterior. El señor Hirata cortándose los pelos de la nariz regalándonos en unos segundos un festival de muecas irresistible, es sin duda la carta de presentación de una película que girará de nuevo sobre la figura de este peculiar cabeza de familia chapado a la antigua. Con la excusa de que su mujer viaja a Noruega con la idea de ver las auroras boreales, este hombre se ve en libertad de empezar a hacer de las suyas, para preocupación de sus hijos. La premisa no obstante se antoja algo floja y falta de ideas. Su familia en un principio está preocupada por su carencia de reflejos al volante, algo propio de su edad. Por su parte, la tozudez del abuelo será la única y esperable respuesta que encontrarán unos hijos frustrados por la negativa de éste. Esta excusa inicial irá dejando cada vez más de lado el humor físico y absurdo para entrelazarlo con ternura y sentimiento a una historia más seria y humana. La subtrama sobre el reencuentro con un antiguo compañero de instituto desatará la catarsis colectiva de una familia que de nuevo vuelve a reunirse con tal de aplacar y solucionar sus problemas. La cinta repite fórmulas, incluso ideas propias de la filmografía de Ozu, como la pasividad y modernidad americanizada de la infancia o el desarraigo de los hijos hacia sus mayores. No obstante, Yamada lo envuelve con emotividad y gracia, dibujando un reflejo actual de la familia tradicional japonesa, lanzando dardos envenenados, pero también apelando a la comprensión y el amor.

4 DE OCTUBRE, JUEVES, 17.30 Y 20.00 HORAS

ESPECIAL HEMINGWAY

 

Tener y no tener. USA. 1944. 95 mins. Dir.: Howard Hawks. Con Humphrey Bogart, Walter Brennan, Lauren Bacal. Tener y no tener se sitúa en La Martinica, en plena Segunda Guerra Mundial, colonia francesa bajo el régimen de Vichy. En la isla, frente al ambiente colaboracionista, reina un clima de temor, de persecución y oscurantismo. Eran momentos de lucha por la propia supervivencia, por buscar la mejor oportunidad de alejarse del lugar, y por supuesto, para luchar por la liberación de la nación francesa. Todo ello no hace más que llevarnos al recuerdo de Casablanca, de Michel Curtiz (1942), ciudad marroquí también bajo el control del gobierno de Vichy, obra coincidente en situación, momento histórico, e incluso con la concurrencia de que en ambas películas repitieron varios intérpretes, empezando por el mismo protagonista, Humphrey Bogart, allí como Rick, dueño del café en donde se reunía habitualmente toda la ciudad, y aquí como Harry Morgan, propietario de un pequeño barco, que suele alquilar para llevar a turistas de pesca. Pero esta vez, la actriz protagonista no la encarna la cándida, bella y sumisa Ingrid Bergman, sino una jovencísima y descarada Lauren Bacall, que con apenas diecinueve años da vida a Marie, una fémina especie de mujer fatal, decidida, independiente, con un oscuro pasado y demasiada energía en la lucha por sus intereses, una joven que recuerda a las interpretaciones de Marlene Dietrich con el realizador norteamericano de origen austríaco, Josef von Sternberg.

Tener y no tener encuentra su punto de partida en el argumento de una novela de Ernest Hemingway, cuyos derechos, después de vencer los reparos que poseía el novelista, consiguió comprar Hawks, y seguidamente realizó una adaptación, cambiando de década, de lugar, y con la intervención de los guionistas Jules Furthman y William Faulkner. La intención de la productora de la película, Warner Bros estaba en aprovechar las similitudes de la película de Howard Hawks con Casablanca, como medio para acercar al público a la obra y obtener una gran taquilla, pero fue recibida por los espectadores y por la crítica con división de opiniones. En realidad, creemos que el largometraje de Hawks no consigue la maestría de la película de Curtiz porque, probablemente, el guion no se encuentra a la altura del de Casablanca, resulta farragoso en algún momento, y en algún otro abusa de la teatralidad en situaciones y diálogos. En todo caso, estamos en una comparación con la magnificencia, y ello no es jugar limpio.

 

5 DE OCTUBRE, VIERNES, 17.30 Y 20.00 HORAS

 

Isla de perros. USA. 2018. 97 mins. Dir.: Wes Anderson. Animación. Cada plano de Isla de perros está diseñado con el gusto por el detalle, el cuidado en la composición y la exigencia en el equilibrio de una bandeja de bento. Cada corte de su montaje está ejecutado con precisión de un itamae-san preparando una impecable ración de sushi. Y al propio Wes Anderson no deben de escapársele esas metáforas, porque, en un momento de su película, las hace explícitas en una secuencia donde la preparación de un suculento plato se convierte en síntesis de las virtudes plásticas y dinámicas de una película que logra canalizar su acusado sentido del artificio en una caligrafía visual que apuesta por la síntesis y la esencialidad y nunca sucumbe a la tentación del desbordamiento barroco. Cuando estrenó Fantástico Sr. Fox (2009), varias fueron las voces que coincidieron en señalar que la animación se revelaba un lenguaje natural para un fetichista de la estilización como él. Ahora, Isla de perros demuestra que la cultura japonesa era un destino natural para su sensibilidad: un espacio arcádico para un miniaturista empeñado en que ningún elemento de su microcosmos, ni siquiera el más trivial, esté despojado de belleza. Esta historia que mezcla el relato distópico con la aventura de iniciación vuelve a dejar claro que, con cada nueva película, Anderson sigue siendo igual a sí mismo, al tiempo que revela nuevas facetas de su identidad. Aquí lo inesperado es el universo referencial, que toma como punto de partida la línea noir de la filmografía de Kurosawa –El infierno del odio (1963) y El ángel ebrio (1948)-, añadiendo claros ecos de Los siete samuráis (1954) en la configuración de la patrulla canina que ayudará al héroe humano del relato. Los perros, por cierto, son pura poética del desamparo andersoniano: cuatro canes de raza condenados al exilio y la exclusión –es decir, cuatro pijos desclasados- que encontrarán en un expeditivo chucho callejero a su maestro de vida y supervivencia.

8 DE OCTUBRE, LUNES, 17.30 Y 20.00 HORAS

 

Spacewalker. Rusia. 2018. 137 mins. Dir.: Dimitry Kiselev. Con Konskatntin Khabenskiy, Eugny Mironov, Aleksandra Ursulyak, Elena Panova. En los últimos años han aparecido varias películas rusas dedicadas a las gestas espaciales soviéticas, una moda más que bienvenida que permitirá al gran público, especialmente el más joven, familiarizarse con la historia de la cosmonáutica. En 2013 pudimos ver el histórico vuelo de Gagarin en la gran pantalla y este año le ha tocado a Alexéi Leónov ser el protagonista de El tiempo de los primeros (Время первых/Vremya Pervij). La película —traducida al inglés con el poco original nombre de The Spacewalker—, nos cuenta la accidentada historia del primer paseo espacial según la visión del director Dmitri Kiseliov y ha contado con un presupuesto de 6,6 millones de dólares, lo que la convierten en toda una superproducción para los estándares rusos. Más de una década después de la llegada de Putin al poder, se consolida un cine de entretenimiento en la industria rusa de claro carácter propagandista, que no le resta una gran factura, orientado a contar las grandes gestas del pueblo ruso a lo largo del siglo XX, ya sea durante la II Guerra Mundial, en la resistencia y lucha contra  la Alemania nazi, ya sea en la carrera espacial durante los años de la guerra fría. En esta ocasión, la película ha contado con el asesoramiento técnico del mismísimo Leónov, de la empresa RKK Energía —heredera de la oficina de diseño OKB-1 de Serguéi Koroliov que construyó la cápsula Vosjod— y de NPP Zvezdá, fabricante de las escafandras espaciales Berkut usadas por Leónov y Belyayev durante su misión.

 

9 DE OCTUBRE, MARTES, 17.30 Y 20.00 HORAS

ESPECIAL HEMINGWAY

Pasión en la selva. 1947. 85 mins. Dir.: Zoltan Korda. Con Gregory Peck, Joan Bennet, Robert Preston. Una buena historia puede dar lugar a un buen guión y de éste nacerá fácilmente, sobre todo a condición de que su director no sea un "patata", una buena película. Éste es el caso. Estamos, a mi modo de ver, ante una gran película. El guión, basado en un magnífico cuento de Ernest Hemingway, narra el despiadado enfrentamiento de los miembros de un infeliz matrimonio en fase terminal, que creyó poder recuperar el sentimiento perdido mediante el recurso a un safari africano, y analiza también las salpicaduras de esta situación que podrían alcanzar al cazador blanco, guía del safari, si éste no supiera sacar partido de su experiencia profesional para ponerse a salvo. Y todo ello utilizando los elementos que suelen caracterizar las películas del género: porteadores, camionetas, animales, armas, peculiaridades culturales de las tribus africanas, etc., etc. Vaya por delante que (por suerte) la película no respeta en absoluto los parámetros de lo que se considera políticamente correcto. Gracias a esto alcanza unos niveles de profundidad y de verdad que no suelen hallarse en este tipo de películas, de aventura africana con la caza y el safari como marco. El guión se ciñe al cuento de Hemingway como un traje bien cortado; si se lee éste y se ve acto seguido la película - o a la inversa - se puede comprobar que diálogos y réplicas de los personajes son idénticas en uno y otra. Por último, el guionista ha desmenuzado el final propuesto por el cuento, de manera que aporta datos que éste no incluye y clarifica cinematográficamente la historia. Y lo hace, a mi entender, sin desmerecer para nada el texto de Hemingway.

10 DE OCTUBRE, MIÉRCOLES, 17.30 Y 20.00 HORAS

 

12 valientes. USA. 2018. 124 mins. Dir.: Nicolai Fuglsig. Con Chris Hemsworth, Michael Shanon, Michael Peña, Navid Hegahban, Trevante Rohdes, Geogf Stulñs, Thad Luckinbill.  Cada conflicto bélico genera sus propios imaginarios cinematográficos: la compleja realidad que emergió tras el 11-S ha tenido en Kathryn Bigelow a su más justa corresponsal, capaz de traducir en firme estilo visual la angustia de librar una batalla inagotable sin frentes delimitados contra un enemigo muchas veces invisible y de entender que esta realidad no era buen material para el cantar de gesta. Pero el patriotismo no entiende necesariamente de modernidad –ni tiene por qué- y sabe que la mejor manera de activar la maquinaria propagandística pasa por recuperar las esencias eternas: así lo ejemplifica este 12 valientes que, desde su mismo título, está desvelando su naturaleza de western por otros medios. El danés Nicolai Fuglsig, fogueado en la realización publicitaria, recoge aquí la definición de patriota estadounidense que ya propuso Clint Eastwood en El francotirador (2014): aquel sujeto al que le hirvió la sangre cuando asistió a la retransmisión de la caída de las Torres Gemelas. Con producción de Jerry Bruckheimer –y las formas enfáticas y espectaculares que son marca de la casa-, 12 valientes es la gloriosa crónica, a partir del libro de no ficción Soldados a caballo del periodista Doug Stanton, de la primera misión de las Fuerzas Especiales del ejército estadounidense en suelo afgano tras el atentado que fundó nuestra nueva realidad. El resultado es un sólido ejercicio de cine propagandístico para multisalas que, por lo menos, se toma la molestia de construir personajes y deslizar alguna reflexión amarga sobre el futuro del territorio de conflicto.

15 DE OCTUBRE, LUNES, 17.30 Y 20.00 HORAS

 

Gorrión Rojo. USA. 2018. 134 mins. Dir.: Francis Lawrence. Con Jennifer Lawrence, Joel Edgerton, Matthias Schoenaerts, Charlotte Rampling, Mary-Louise Parker, Jeremy Irons.  Otro tipo de cine de espías es posible. Alejado de la mandanga de la espectacular secuencia de acción cada cuarto de hora, del montaje espasmódico, de la sobrecarga de retruécanos narrativos. Un cine de espionaje helado como un témpano en su superficie y, sin embargo, ardiente en el interior de sus personajes, sufrientes bajo la máscara, en lo mental, en lo físico, en lo emocional. Gorrión rojo no es El espía que surgió del frío, no puede serlo, aquello eran palabras mayores, pero está más cerca de la película de Martin Ritt, y en algunos aspectos también de El topo, que de cualquier castillo de fuegos artificiales sin concreción en la trama ni fundamentación en sus roles, de los que tantas veces nos tragamos, y olvidamos en medio minuto. Francis Lawrence es un director decididamente extraño. En orden cronológico descendente: acogotado en la saga Los juegos del hambre, académicamente ñoño en Agua para elefantes, y felizmente clásico en dos películas minusvaloradas que parecían fuera de su tiempo, Soy leyenda y Constantine. Con Gorrión rojo, basada en una novela de Jason Matthews, adaptada por Justin Haythe, con crédito importante tras su traslación de Revolutionary Road, Lawrence ofrece un curso de contención. Su puesta en escena se fundamente en el valor del encuadre y, sin que apenas ninguna secuencia sea recordada por su espectacularidad (¿no era eso la dirección invisible?), todo el engranaje de dirección y montaje de su película se despliega con exactitud. Y, si se escuchan con atención las notas de la banda sonora de James Newton Howard y el empaque que otorga a la película, la referencia principal de Lawrence parece clara: el Alfred Hitchcock de Topaz. Para convertir a su película en algo alejado de los convencionalismos contemporáneos, posee dos virtudes formidables. Un personaje de tomo y lomo, espía a la fuerza, forjada en la brutalidad de los ensayos del ballet del Bolshoi, en sus brillos y en sus envidias. Y una intérprete mayúscula, bellísima voz, con total dominio de su cuerpo y de su rostro: Jennifer Lawrence. Con secuencias de sexo de gran erotismo, presencias interpretativas de incuestionable carisma y una insólita perversidad en el dibujo de ciertos personajes, Gorrión rojo se aleja, por la vía formal clásica, y por el camino de fondo de lo malsano, de las habituales superproducciones de Hollywood, mucho más indolentes que este notabilísimo relato de mataharis del nuevo milenio.

16 DE OCUTBRE, MARTES, 17.30 Y 20.00 HORAS

ESPECIAL HEMINGWAY

 

Forajidos. The killers. USA. 1946. Dir.: Richard Sidomack. Con Burt Lancasters, Ava Gardner, Edmond O´Bryan. Obra maestra del cine en general y una de las películas cumbre del género negro en su más pura acepción, pues aparece en ella “la mujer fatal”, figura emblemática y piedra angular del género que causa la perdición del hombre al que ha seducido. La película es un muestrario de temas característicos del cine negro: boxeo, cárcel, atraco y un grupo heterogéneo de delincuentes: “El sueco” es un perdedor nato, perdidamente enamorado de una mujer por la que es capaz de inculparse de un robo para evitar que ella vaya a la cárcel. Kitty es la mujer hermosa, ambiciosa y traicionera que solo actúa en beneficio propio, ella misma se define: “Soy un veneno para mí y para los que me rodean”, Colfax es el jefe de la banda que organiza el atraco y la traición posterior para quedarse con la mujer y el dinero, Charleston es un delincuente de poca monta, entrañable y enternecedor, amante de las estrellas, compañero de celda de “El sueco” que le explica el nombre de cada una de ellas, Al y Max son dos asesinos a sueldo que matan a cambio de dinero, magistralmente interpretados por dos secundarios de lujo como William Conrad y Charles McGraw, que crearon escuela para films posteriores. Para reconstruir la vida del protagonista Siodmak nos ofrece once “flashbacks”, técnica característica del género. Los primeros 11 minutos son realmente antológicos: Un coche circula de noche por una carretera desierta y llega a un tranquilo pueblo, dos hombres caminan por una pequeña y desierta plaza vigilando todos sus rincones y finalmente se introducen en un bar de clientes fijos para después ir a la habitación de “ El sueco” y asesinarle en una inolvidable secuencia en la que se ilumina la pantalla solamente con los fogonazos de los disparos asesinos, el atraco se presenta mediante un plano secuencia con la cámara en grúa y resulta de una expresividad cinematográfica suprema, inolvidable la primera aparición de Kitty, sentada al lado del pianista de espaldas a la cámara y gira su cabeza, Siodmak entonces nos regala un primer plano – para la eternidad- del bellísimo rostro de Ava Gardner, “El sueco” hipnotizado se olvida de su novia que abandona el club, la crueldad del mundo del boxeo se nos muestra mediante un sanguinario combate filmado cámara en mano, con abundantes primeros planos y mediante una excelente fotografía de luces y sombras contrastadas. En la secuencia final vemos a Katty suplicándole a su marido moribundo que la libere de la cárcel, el primer plano de su bello rostro es la viva imagen de su maldad innata. Burt Lancaster convincente, Ava Gardner bellísima y unos secundarios de lujo, los ya citados asesinos y Sam Leve, Edmond O`Brien y Albert Dekker, con mención especial para Vince Barnett, que realiza una auténtica creación de su entrañable personaje, el delincuente amante de las estrellas. En resumen, una película sobre un pasado inolvidable e irrenunciable que se hace presente y que nos lleva a un trágico futuro, Robert Siodmak, especialista del género negro consiguió su obra maestra.

19 DE OCTUBRE, VIERNES, 17.30 Y 20.00 HORAS

 

Winchester. USA. 2018. 100 mins. Con Jason Clarke, Helen Mirren, Sarah Snook. Si alguna vez ha existido una casa cargada de fantasmas, esa es la de Sarah Winchester, viuda del creador del rife que hiciera célebre entre los cinéfagos Anthony Mann e inspirara las dos estimables versiones de '13 fantasmas', y que hoy puede visitarse como atracción turística paranormal en San José, California. Los que somos vagos y voyeurs por naturaleza, nos conformaremos de momento con esta simpática y entretenil producción que forma parte de la oleada actual de cine fantasmal basado en hechos reales, y que cuenta como bazas principales con un bonito y muy atmosférico diseño de producción y la omnipresencia de Helen Mirren como señora Winchester.

Después de unos comienzos netamente góticos, donde 'Winchester' gasta sus mejores cartuchos, el film se desliza hacia la fantasía heroica y tiene su principal interés en el personaje del Dr. Price (¿guiño al gran Vincent?), todo un superhéroe digno de estudio para Joseph Campbell, con su viaje a la muerte de ida y vuelta, retorno con arma mágica y búsqueda de redención, al que imaginamos ya deshaciendo entuertos espectrales como protagonista de serie de cómic o televisión.

22 DE OCTUBRE, LUNES, 17.30 Y 20.00 HORAS

Alto el fuego. Francia. 2018. 99 mins. Dir.: Emmanuel Courcol. Con Romain Duris, Céline Sallette, Grégory Gadebois. Cualquier país que haya tenido una guerra en el siglo XX tendrá acercamientos cinematográficos a las huellas de la batalla. Tan esencial como el conflicto en sí mismo, entre países o entre bandos nacionales, es la herida imborrable que queda en los seres humanos que han matado y visto morir a su alrededor. A esos que, como al protagonista de Alto el fuego, se le “clavaron en el cuello los molares” de su compañero de trinchera tras una explosión.

Francia, I Guerra Mundial. Lucha de barro y desolación, de trincheras y absurdo. Un panorama que ejemplificó para el cine la insigne Senderos de gloria, de Stanley Kubrick. Pero no solo. De hecho, dos obras del cine contemporáneo, ambas formidables, hundieron su amargo cuchillo no ya en la destrucción física y moral de la batalla, sino en sus terribles consecuencias personales: Capitán Conan (Bertrand Tavernier, 1996) y El pabellón de los oficiales (François Dupeyron, 2001). La primera, en el ámbito más mental, la segunda, en el físico, el dueto se ve acompañado ahora por Alto el fuego, debut en el largo de Emmanuel Courcol, por debajo de aquellas en cuanto a calidad, pero que al menos aporta una visión interesante de las colonias francesas, de su situación tras la guerra, y origen de tantos aspectos positivos (y algunos negativos) en el devenir de la Francia actual.

De perfecta ambientación y bella fotografía, la película de Courcon es puro academicismo, para bien y para mal. Goza de un par de personajes masculinos preciosos, y otros tantos femeninos, capaces de estar a la altura de los acontecimientos, gracias a unos  diálogos  que responden a lo que se espera de una película de evidente trascendencia.

Relato de muertos en vida, de los que sobrevivieron a la batalla pero no a la posguerra de la existencia, Alto el fuego transcurre entre bellas composiciones visuales sin que los acontecimientos lleguen a emocionar. Eso sí, hasta el hermoso monólogo final, con mucha diferencia, el mejor texto de la película: “Lo imposible era volver de una pieza, con lengua para hablar, boca para cantar…”.

23 DE OCTUBRE, MARTES, 17.30 Y 20.00 HORAS

ESPECIAL HEMINGWAY

Las nieves del Kilimanjaro. USA. 1952. 113 mins. Dir. Henry King. Con Gregory Peck, Ava Gardner, Susa Hayward. La película puede considerarse válida desde muchos puntos de vista. La interpretación de Gregory Peck, la gran actriz que fue Susan Hayward, la contundente belleza de Ava Gardner, el acercamiento más que superficial a la figura de Hemingway y la excelente fotografía de la flora y la fauna africanas realizada por Leon Shamroy que tuvo el reconocimiento de su nominación a los premios Oscar, confieren suficiencia un film que, a pesar de algunas deficiencias y de ciertas libertades en el guión que no fueron del gusto de Hemingway mantiene el interés del espectador.

Y eso que resulta relativamente fácil perderse entre las elucubraciones vitales de un protagonista que en un presunto lecho de muerte, con los buitres en famélica espera y las hienas al acecho, acercándose más de lo debido, repasa, bajo las pintadas nieves del Kilimanjaro, las lecciones que le dió la vida. No diga lecciones, diga cornadas. Y es que el amigo Harry Street (Gregory Peck), escritor remedo del aventurero impenitente que fue Hemingway, deja pasar por su lado a una de las mujeres más bandera de cuantas han pululado con mayor o menor gloria en el orbe cinematográfico, Ava Gardner, cuyo personaje derrocha sensualidades al compás del saxo tenor de Benny Carter, al propio tiempo que se vuelve quebradizo por instantes como fruto de la incapacidad para comunicar su estado de gestación a su propio esposo.

 

Difícil sobrevivir con el recuerdo de los errores propios pisoteándote la conciencia. Esta es, compendiada, la elucubración vital de un hombre victima de sus propios actos. Y en esta elucubración está el meollo del film. Cada uno de los instantes revividos en esa secuencia de flashback fruto de la fiebre y de la pierna gangrenada, son cuentas de un rosario. Ava era mucha mujer, y no solo en lo físico, Harry lo sabe ahora como lo supo en aquel tiempo donde la prepotencia no le dejaba ver otra cosa. Y lo sabe aún con la abnegada presencia de otra gran mujer: Susan Hayward.  La sensación final que le queda al espectador es que el pulso entre la amargura del pasado y la esperanza del futuro al lado de una gran y leal mujer se dirime a favor de la sonrisa, de la moralina, de los aleluyas y de los arco iris gloriosos que ponen fin a una existencia tormentosa. La lógica de los acontecimientos no hacía presumir este tipo de desenlaces un tanto a favor de taquilla y en contra del seguimiento escrupuloso de la novela. Se suele decir que bien está lo que bien acaba… Pues eso.

24 DE OCTUBRE, MIÉRCOLES, 17.30 Y 20.00 HORAS

La casa torcida. USA. 115 mins. Dir.: Gilles Paquet-Brenner. Con Glenn Close, Terence Stam, Max Irons, Gillian Anderson, Christina Hendrix. “Se trazó una trayectoria que siguió hasta el fin sin ansias culturizantes ni innovadoras. Y el público no esperaba otra cosa de ella. Sus lectores sabían lo que iban a encontrar en una novela de Agatha Christie y no se sintieron nunca defraudados”, escribía Salvador Vázquez de Parga en su divulgativo Los mitos de la novela criminal, fijando con precisión el tipo de placeres que la llamada reina de la novela policiaca proporcionaba a sus incondicionales: una garantía fundamentada en la previsibilidad y la limpia resolución del enigma a partir de un limitado repertorio de variables. En sus manos, el género era un artefacto tan despojado de lo pulsional como un juego de mesa: no resulta extraño, pues, que la especialidad de Miss Christie –la novela enigma- acabase inspirando una célebre creación para dados y tablero –el Cluedo- que, precisamente, llegó al mercado el mismo año -1949-, en la que la escritora publicaba La casa torcida, una de las obras favoritas de su autora, que Gilles Paquet-Brenner ha llevado a la pantalla bajo la convicción de que al potencial público de adaptaciones del catálogo de la Dama del Crimen tampoco tienen en alta estima la innovación y la sorpresa.

El ciclo de versiones cinematográficas que abrió Asesinato en el Orient Express (1974), de Sidney Lumet, fijó un modelo que la nueva lectura de Kenneth Branagh parecía revivir en clave manierista: producciones con el crepuscular sentido del star-system de una película de catástrofes… sin catástrofe. Paquet-Brenner se aplica a ese patrón sin atisbo de inspiración expresiva, pero Glenn Close, Julian Sands y Gillian Anderson, entre otros, le sacan las castañas del fuego con su colectivo retrato de una aristocracia endogámica y monstruosa

25 DE OCTUBRE, JUEVES, 17.30 Y 20.00 HORAS

ESPECIAL HEMINGWAY

Adios a las armas. USA. 1957. 126 mins. Dir.: Charles Vidor. Con Rock Hudson, Jennifer Jones, Vittorio de Sica.  Ernest Hemingway es uno de los novelistas más adaptados por el cine norteamericano . Recordemos películas espléndidas como “Las nieves del Kilimanjaro “ y “Fiesta “ de Henry King, Tener y no tener, de Howard Hawks, Por quien doblan las campanas de Sam Wood, o El viejo y el mar “ de John Sturges .

Una de sus mejores novelas es “Adios a las armas “, una historia de amor y de guerra que se desarrolla en la Primera guerra mundial, en tierras de Italia . Un joven americano se enamora de una enfermera y tras conocer los horrores de la guerra , deserta para vivir su amor con ella . Logran llegar a Suiza, pero ella muere tras dar a luz .

La versión de Charles Vidor arrastra mala fama crítica , fue la última producción Selznick, fracasó en taquilla y tuvo problemas de rodaje (John Huston era el director inicial y fue despedido a los pocos días de filmación ). Sin embargo es un grandioso melodrama de dos horas y media de duración que junto a la pasión romántica del soldado y la enfermera retrata los desastres de la guerra, la belleza de la paz en Suiza, el color de la esperanza que dura tan poco como el fulgor de una estrella . La deserción del protagonista se produce tras el injusto fusilamiento de Rinaldi, el coronel médico que encarna Vittorio de Sica .  La escena de la muerte de la enfermera en el hospital , poco después de dar a luz un niño muerto, es impresionante . La extraordinaria Jennifer Jones logra una interpretación magnífica , absolutamente emocionante y humana . Junto a ella, un ajustado Rock Hudson en la época cumbre de su carrera .

Hemigway relata el amor y la guerra, la tragedia de la soledad ( la mujer teme la lluvia y los amantes , solos, se tienen el uno al otro ). Las dos películas se centran en un mismo núcleo : el amor, aunque después la primera opta por una puesta en escena intimista y la segunda – con una gran fotografía de Oswald Morris – se extiende al paisaje, los ambientes y multitud de personajes . Pero ambas son dos grandes películas, reconocida una ( con varias nominaciones al Oscar ) , incomprendida la segunda . Es cierto que Borzage es mejor cineasta que Charles Vidor ( pese a que en su obra figura “Gilda “ ), pero las dos películas rondan la excelencia y han sido recuperadas por el DVD para el descubrimiento de las nuevas generaciones .

26 DE OCTUBRE, VIERNES, 17.30 Y 20.00 HORAS

Inmersion. Alemania. 2018. 111 mins. Dir.: Wim Wenders. Con  James McAvoy, Alicia Vikander, Alexander Siddig, Celyn Jones. En un diálogo de Inmersión, última película del veterano director alemán Wim Wenders, sus protagonistas hacen un paralelismo entre las investigaciones de una bióloga matemática que trabaja en un proyecto de sumersión en las aguas más profundas de los océanos, con el que intenta demostrar el origen de la vida en el planeta, y las operaciones de un espía británico para la erradicación total del terrorismo en años venideros. Suena trascendente y quizá lo sea, pero en la película, aparte de que los cometidos de ambos se muevan en una categoría cercana a la imposibilidad, y de que esa dicotomía esté presente hasta el desenlace del relato, ambas cuestiones, pese a su interés, quedan excesivamente difuminadas. Bravo por la ambición de Wenders, inspirado por una novela de J. M. Ledgard. Y, sin embargo, qué complicado es aspirar a la metafísica en el cine. Quizá, como ocurre con las labores de sus dos personajes, incluso improbable. Extrañísima coproducción entre una decena larga de empresas cinematográficas de diversos países, entre ellas las españolas Morena Films y Atresmedia, Inmersión se mueve, como una de sus criaturas, en aguas tan turbulentas que sale escaldada de sus excesivas ambiciones. Una filosofía sobre el principio y el fin del ser humano que, de forma paradójica, donde mejor acaba circulando es en el intangible universo de la química. Y no el de la rama de la ciencia que estudia las propiedades de la materia, sino la que a veces se produce entre dos intérpretes que, a pesar de que el guion que los mueve no acabe de ayudar, logran componer instantes de cine verdaderamente pasional.

Y en esa estructura cambiante en la que se mueve la historia, con tres estratos dramáticos y cronológicos bien distintos —la historia de amor entre la científica y el ingeniero hidráulico que trabaja como agente del servicio de inteligencia británico; la inmersión en el océano; y el secuestro en Somalia por parte de un grupo de la yihad—, es la franja romántica la que mejor logra enganchar gracias a la mutua complicidad de sus dos magníficos intérpretes: Alicia Vikander y James McAvoy.

29 DE OCTUBRE, LUNES, 17.30 Y 20.00 HORAS

ESPECIAL HEMINGWAY

Balas de contrabando. USA. 1958. 82 mins. Dir.: Don Siegel. Con Audie Murphy, Eddie Albert, Patricia Owens. Una lástima que esta película no acabara de lograr esa redondez que solemos exigirle a los títulos de serie B que, sea por la dirección, por el fotografía o por la actuación, podrían ser considerados como serios aspirantes al estrellato de la serie A, en cuyas filas incluso ocuparían lugares de privilegio. La historia de Ernst Hemingway, muy apegada a su propia figura, siquiera sea por la afición a la pesca y por el amor a Cuba, tiene suficientes elementos de interés como para que la película hubiese tenido una vida triunfal que no llegó a tener. De hecho, en España n se estrenó en salas de cine hasta 2007, y, hasta entonces solo podía adquirirse en edición de vídeo. La película, insisto, por si a alguien le cae en las manos, tiene muy buenos momentos, una interpretación, sobre todo de los supuestamente secundarios, Eddie Albert y Gita Hall, quienes, sin embargo, acaban comiéndose los planos a fuerza de verosimilitud y contundencia, frente a un matrimonio excesivamente insulso y almibarado compuesto por un protagonista totalmente equivocado, Audie Murphy y una esposa que, hace lo que puede, teniendo en cuenta la “parte” que le han escrito, Patricia Owens.

La ambientación, en el mundo del alquiler de yates para ir a pescar en los aguas del Caribe, está muy conseguida, así como la figura singular del marinero borrachín que borda Everett Sloan, quien se inició en el cine nada menos que con Ciudadano Kane, de Welles. Ese mundo de emprendedores/perdedores que trata de sacar adelante un earn the living  propio y por sus propios medios es el marco de esta aventura delictiva por parte de quien juega con ventaja frente a un patrón de yate que puede quedarse sin él porque un impagado le ha dejado al borde de la quiebra. La presencia, además, de la típica vampiresa, en este caso ajustada a esa atmosfera “deportiva” de la afición a la pesca, y, en su momento, a la fiesta nocturna en La Habana, con ansias irrefrenables -y algo inexplicables- de complicarle la vida al abnegado esposo, súbitamente vuelto atractivo tras haber sido metamorfoseado por la mirada de la diosa nórdica, acaba de redondear el conjunto de clichés sobre los que está montada la película, aunque Don Siegel se maneja perfectamente con ellos y logra ir más allá, sobre todo con el retrato del traficante, de la mera anécdota delictiva.

 

30 DE OCTUBRE, MARTES, 17.30

El viejo y el mar. USA. 1958. 82 mins. Dir.: John Sturges. Con Spencer Tracy, Felipe Pazos, Harry Bellaver.

La díficil adaptación del gran original de Hemingway tuvo en Sturges a un cineasta adecuado y preciso: la sobriedad de su estilo así como su solidez narrativa, ayudado por un riguroso y depurado guión de Venreid, hicieron de la versión cinematográfica de la bella novela un film digno y, en sus muchas limitaciones y dificultades, admirable.

La épica historia de un viejo pescador cubano que atrapa un gigantesco pez al que quiere conducir hasta la costa (spoiler), es aquí también un hermoso relato de vida, humanismo y amargura, en el que el hombre vuelve a depender de la maravillosa y letal Naturaleza como fuente de todas sus contingencias. Spencer Tracy realiza un trabajo eficaz no tan brillante como se ha dicho, y la película es más sencilla que la compleja sencillez del libro, menos profunda y emocionante, pero sí es al menos una adaptación respetuosa y loable. Sturges vuelve a merecer mi aplauso.

30 DE OCTUBRE, MARTES, 20.00 HORAS

Código del hampa. USA. 1964. 90 mins. Dir.: Don Siegel. Con Lee Marvin, Angie Dickinson, John Cassavettes. Film realizado por Don Siegel. El guión, de Gene L. Coon, adapta libremente el relato "The Killers" (1927), de Hemingway. Se rueda en exteriores de California (Riverside Raceway, Toluka Lake...) y en Universal Studios (Universal City, CA). Gana un BAFTA (actor extranjero, Marvin). Producida por Siegel, se estrena el 7-VII-1964 (EEUU).

La acción principal tiene lugar en Miami, Nueva Orleans y California, entre 1959 y 1963. Dos matones, Charlie Strom (Marvin) y Lee (Gaulager), asesinan a un antiguo piloto de carreras, Johnny North (Cassavetes) por cuenta de un interesado que no saben quién es. La pasividad de la víctima ante la muerte mueve la curiosidad de Charlie, que decide investigar.

El film suma los géneros de drama, crimen e intriga. Es la tercera adaptación de "The Killers", relato breve publicado en la antología "Men Without Women", de Ernest Hemingway. La primera fue la de "Forajidos" (Siodmak, 1946) y la segunda, el corto de 19 minutos de Andrei Tarkovsky, realizado como ejercicio de carrera. Siegel se había interesado en realizar la versión de 1946. La cinta se concibe como un film destinado a ser emitido por TV, pero una vez concluido, se considera que su nivel de violencia es desaconsejable para TV.

La película capta la atención y entretiene. Hace uso de una narración seca, contundente, concisa y rica en sugerencias y elipsis. El ritmo es ágil y rápido. Incorpora tres "flashbacks", que explican hechos del pasado al tiempo que plantean incógnitas y dudas que alimentan la intriga, administrada en un hábil crescendo. Los "flashbacks" reflejan el punto de vista de los personajes que los protagonizan, que manifiestan ideas, sentimientos e intereses diferentes. El primero traspira añoranza y tristeza, el segundo elude responsabilidades y el tercero las asume.